Analizado en PC
Por allá en 2021, los grupos de Facebook en los que estaba explotaron de la nada: Little Nightmares estaba gratis. Yo no lo conocía, pero todos hablaban maravillas de él, así que lo canjeé sin pensarlo. Mi caja de cartón con cables, a la que llamaba computadora, logró correrlo sin problemas.
Entré por pura curiosidad y, aunque fue corto, resultó una experiencia bastante agradable. Poco después jugué Little Nightmares II y me encantó de principio a fin. Fue entonces cuando me sumergí por completo en el lore y las teorías de la franquicia: juegos para celular, cómics, videos de explicaciones… todo. Son juegos sin texto ni diálogos, pero con un mundo fascinante: un entorno decadente, habitado por criaturas grotescas de apariencia humana que, aun sin contarte nada directamente, transmiten muchísimo sobre su universo.
Por eso, cuando se anunció Little Nightmares III, me emocioné de verdad. El juego lucía espectacular, y aunque se presentó como una experiencia mas enfocada en el cooperativo, estaba seguro de que también funcionaria bien en solitario (al fin y al cabo, Little Nightmares II también tenía dos personajes y seguía siendo una aventura single player).
Y bueno… ya lo jugué. Y sinceramente, tengo sentimientos encontrados.
Los peligros de ser pequeño
Como en los juegos anteriores, todo comienza con un simple despertar en un lugar desconocido. Esta vez puedes elegir entre dos protagonistas: Alone, una niña con una máscara de cuero, ropaje verde y una llave inglesa que usa tanto para dar golpes contundentes como para activar mecanismos; o Low, un chico con una máscara de pico y capa azul que empuña un arco para resolver acertijos a distancia.

Aquí normalmente hablaríamos de la historia, pero esa es precisamente parte de la magia de Little Nightmares. No hay una narrativa directa, ni textos, ni diálogos, ni cinemáticas explicativas. Solo sabes que has despertado en un lugar peligroso, sucio y decadente, donde todo es enorme y hostil, excepto tú.
Tanto Alone como Low despiertan en un desierto llamado Necropolis, un páramo silencioso donde deberán buscar una salida mientras son perseguidos por una grotesca criatura con apariencia de bebé gigante que no deja de buscarlos.

Aunque el desierto es solo el punto de partida, el juego te lleva a través de cuatro escenarios distintos, cada uno dividido en capítulos de unas dos horas de duración aproximada.
Entre ellos están: la Fábrica de Dulces, una planta industrial en ruinas envuelta en vapor y ruido metálico, donde los obreros trabajan sin el más mínimo descanso y en un entorno opresivo; el Carnaval, una feria abandonada con payasos deformes y luces rotas que no logran ocultar el terror que se esconde detrás de cada tienda de campaña; y, finalmente, un cuarto capítulo del cual prefiero no hablar en esta reseña.

Espantosa belleza
Aquí debería hablar del multijugador, que es la principal novedad… pero eso irá junto al diseño de niveles. Así que, por ahora, hablemos del apartado técnico y visual.
Little Nightmares III es horrible… en el buen sentido. Mejor dicho, es hermosamente horrible. La ambientación sigue siendo la joya de la saga: todo en este mundo parece una versión retorcida del nuestro, con objetos gigantes que te hacen sentir diminuto y vulnerable, y criaturas que parecen humanas pero son monstruos deformes, con botargas que parecen hechas de piel humana, gestos torpes y sonidos que se asemejan más a gruñidos que a voces. No hablan; emiten ruidos que ponen la piel de gallina.

El nivel de detalle en los escenarios es impresionante. Cada rincón se siente decadente, sucio y hostil. El mundo, en todo momento, te recuerda lo pequeño y frágil que eres. Los fondos no son estáticos: están llenos de movimiento y profundidad, reforzando la sensación de que ese universo funciona de una manera retorcida.
La dirección artística está aún más pulida que antes. El uso de la iluminación y el juego de sombras es grandioso; cada fuente de luz genera contrastes que despiertan dudas y tensión en cada escenario.
El juego corre en Unreal Engine 5, lo que le da un salto visual notable, especialmente en las partículas, el humo y la ambientación sonora, que funcionan de maravilla. Visualmente perturbador, artísticamente retorcido y sonoramente escalofriante.

Acompañados, pero solos
Hay que dejar algo claro desde el inicio: aunque Little Nightmares III incluye un modo multijugador, solo se puede jugar en línea. No existe opción de cooperativo local ni pantalla dividida. No hay una explicación oficial del porqué, aunque podría deberse a limitaciones técnicas o al tipo de ambientación que maneja el juego.
En caso de que juegues en solitario, el acompañante funcionará como en Little Nightmares II: será controlado por una IA. Sin embargo, en esta entrega, por alguna razón, sus reacciones son un poco más lentas, lo que puede resultar molesto en ciertos momentos.

Eso sí, el juego incluye Friend Pass, algo ya visto en It Takes Two o Split Fiction. La persona que compró el juego puede invitar a un amigo para jugar juntos sin que este tenga que comprarlo. El único requisito es que ambos tengan una PC capaz de correrlo.
El título usa Unreal Engine 5, un motor que últimamente solo ha generado polémicas por los constantes problemas de optimización que presenta en casi todos sus juegos. En mi caso, jugué con la mayoría de opciones en nivel medio y algunas en ultra. Los únicos bajones de FPS que noté fueron en los cambios de escenario, y aun así, duraron menos de un segundo. Es algo que se nota, pero no arruina la experiencia.
Lo que sí molesta -y bastante- es el tema de los trajes. Muchos de los atuendos alternativos para los protagonistas vienen incluidos como parte de un futuro DLC o como bonificaciones por reservar el juego. Personalmente no soy de usar trajes alternativos, pero entiendo que, para quienes sí lo hacen, puede sentirse abusivo.
Y eso de venderte futuros capítulos como DLC incluso antes de que el juego salga… bueno, mucho se critica a Pokémon por eso, pero esta práctica lleva tiempo existiendo y, lamentablemente, todo indica que seguirá.

En cuanto a accesibilidad, el juego cumple bastante bien. Desde el menú de opciones puedes ajustar prácticamente todo según tus necesidades: activar un borde que resalta los elementos interactuables, destacar a los enemigos o a tu acompañante, modificar el tamaño del texto e incluso aplicar filtros de color para personas con dificultades visuales.
Un terror limitado
Teniendo en cuenta todo esto, hablemos de uno de los problemas: la atmósfera.
Sí, lo he dicho antes: está bien lograda. Pero no lo suficiente. La sensación de decadencia y hostilidad está ahí, presente todo el tiempo, pero se siente contenida, como si el juego tuviera miedo de asustar demasiado. Los monstruos son inquietantes, sí, pero no llegan a ser realmente desagradables. Son feos, pero no escalofriantes. Da la impresión de que el equipo se contuvo al momento de diseñar el horror.
El resultado es una atmósfera que existe y funciona, pero que no impacta. Little Nightmares II se atrevió a experimentar: te hacía sentir observado en todo momento, perseguido, vulnerable, donde ningún lugar era seguro. En cambio, en esta entrega hay una ausencia total de esa sensación. Los escenarios, aunque visualmente preciosos, se perciben más como espacios liminales de un mundo en ruinas que como lugares capaces de generar verdadera inseguridad. No existe ese miedo constante de “no estar a salvo en ningún lado”.


Los enemigos también se sienten más como obstáculos que como amenazas reales. No imponen respeto ni incomodan. Y si a todo lo anterior le sumas la lentitud de la IA del compañero, el ritmo se resiente: ese problema hace que jugar en solitario pueda romper la inmersión con facilidad. En cambio, jugar en cooperativo en línea lo vuelve más llevadero, aunque termina pareciéndose más a It Takes Two con un ligero toque de terror… y muchas risas de por medio.
El problema es que, en los juegos de terror cooperativos, el miedo solo funciona cuando los aliados están separados. Y eso acá nunca ocurre. Por eso la atmósfera termina sintiéndose como un Little Nightmares 1.5: correcta, pero sin alcanzar el nivel de tensión que logró el segundo juego.
Miedo a ser diferente
Little Nightmares I fue desarrollado por Tarsier Studios, un pequeño equipo que dio origen a la saga con una propuesta simple pero efectiva: un mundo claustrofóbico y hostil. Su secuela, Little Nightmares II, repitió estudio y se arriesgó mucho más. Introdujo a dos personajes, escenarios más abiertos y variados, y una jugabilidad mejorada, con puzles ligeramente más complejos pero muy bien integrados en el ambiente.

Pero con Little Nightmares III, desarrollado por Supermassive Games, la historia es otra. Es cierto que supera técnica y visualmente a los anteriores, pero ahí se queda. Tiene modo cooperativo, sí, pero no aporta demasiado ni ofrece verdadera profundidad. Podrías jugarlo solo y la experiencia sería prácticamente la misma. Aunque claro, cualquier juego en cooperativo, por malo que sea, siempre resulta más divertido de lo que realmente es.
Los escenarios son más bonitos, pero no más interesantes. Los puzles son extremadamente sencillos y se resuelven antes de que siquiera empieces a pensar.
Cada protagonista cuenta con su herramienta -la llave inglesa y el arco-, pero su uso es tan limitado que podrían no existir y ser reemplazados por elementos del entorno sin que nada cambiara. En cada capítulo recibes un ítem que parece importante para todo el trayecto, pero lo usas un par de veces y listo. Es frustrante, porque hay buenas ideas… pero están completamente desaprovechadas.

Y sí, Little Nightmares siempre fue un walking simulator con toques de puzle, pero aquí la caminata es excesiva. Todo son pasadizos bonitos, pero lineales e inexplorables. Si este juego aspiraba a ser el más ambicioso de la saga, al menos debió incluir algo de backtracking o un mínimo de exploración.
No pido que reinventen la fórmula -hacer una secuela superior ya es difícil de por sí-, pero aquí no hay riesgo, no hay evolución. Aunque el juego brilla en lo técnico y visual, en atmósfera y jugabilidad no está a la altura.
¿Vale la pena Little Nightmares III?
Me cuesta recomendarlo. Si es tu primera vez con la saga te va encantar. Si buscas un cooperativo ligero para jugar con alguien más, también lo vas a disfrutar bastante. Incluso puede que te encante más de lo que realmente merece.
Pero si ya vienes conociendo la saga, muy probablemente te va a dejar insatisfecho. Little Nightmares III se siente como un retroceso: un juego que no arriesga, no evoluciona y que parece tener miedo de hacer algo nuevo. Técnicamente impecable y visualmente hermoso, pero con una atmósfera y jugabilidad que se sienten incompletas.”
Sí, es un buen juego. ¿Buena secuela? No tanto. Un juego que en teoría tiene un gran potencial, pero parece que hay una correa detrás que no lo dejó soltarse. El título supera al primer juego, sí, pero queda muy lejos del segundo.
Personalmente voy a esperarme a REANIMAL, el nuevo proyecto de Tarsier Studios, el estudio original. Porque si algo ha quedado claro es que ambos saben hacer que un mundo pequeño se sintiera inmenso y aterrador, pero solo uno parece ir con todo lo que tiene por ofrecer. A nivel personal si Little Nightmares uno es un 7, y Little Nightmares II es un 8.5, Little Nightmares III es un. 7.5.


