Analizado en PC
Para ser sincero, los juegos tácticos no son lo mío. A veces tienen demasiados menús, demasiado texto y una cantidad absurda de posibilidades y factores detrás de cada decisión. Un combate que va bien puede irse a la ruina en cuestión de turnos, y aunque eso tiene su atractivo, también puede volverse hostigante.
Además, el 99% de estos juegos suelen estar cargados de la misma y repetitiva estética anime medieval o estetica de guerra futurista. Sinceramente, muchas gracias, pero no, paso.
Pero vamos más allá. Edmund McMillen es, sin exagerar, uno de los pilares de los juegos indies modernos. Creador de Super Meat Boy, The Binding of Isaac y The End Is Nigh, ha logrado que cada proyecto en el que participa sea digno de atención inmediata.
Originalmente, Mewgenics fue anunciado en 2012, un RPG táctico roguelike protagonizado por gatos mutantes. Sin embargo, tras la separación de Team Meat, el proyecto quedó cancelado.
No fue hasta 2018 que McMillen decidió rescatar el título. Junto a Tyler Glaiel, el proyecto fue reconstruido desde cero, evolucionó con el tiempo y finalmente vio la luz en 2026. Y por lo antes expuesto, decidí eliminar mis prejuicios hacia los juegos tácticos para probar este nuevo lanzamiento y hay mucho que decir sobre este título.
Una gatastrofe postapocalíptica
Tal como en Pokémon, empezamos esta peluda y grotesca aventura gatuna eligiendo a nuestros iniciales. Ellos vivirán en una casa donde, todos los días sin excepción, llegarán gatos callejeros que podremos acoger. Además, los que ya estén en casa también procrearán por las noches, dando a luz a crías que crecerán con el tiempo y heredarán parte de los stats y habilidades de sus padres.

Necesitarás tener un catálogo amplio de gatos a tu disposición. Algunos serán claramente mejores que otros y los que sobren podrás enviarlos con ciertos NPC que ofrecen recompensas si cumples requisitos específicos: solo gatos ancianos, solo crías, solo jubilados, entre otros. A medida que completes encargos, estos personajes mejorarán tu capacidad de comida, te venderán mejores objetos y desbloquearán nuevas ventajas.
Administrar a los gatos es, curiosamente, una de las partes más simples y más tensas del juego. Debes recolectar comida para evitar que pasen hambre, porque si escasea, llegan a comerse entre ellos. A veces también pelean entre sí, se hacen daño, pierden stats que afectarán a su descendencia o incluso pueden morir. Existen objetos decorativos que facilitan la gestión del hogar, haciendo todo más llevadero, aunque nunca realmente sencillo.


Algo que amé del juego son sus interfaces. No es precisamente minimalista y al inicio todo parece más complicado de lo que realmente es. Sin embargo, el propio juego se encarga de explicarte cada apartado poco a poco y, si necesitas recordar qué hace algo en específico, basta con dejar el cursor quieto unos segundos para que aparezca una descripción.
Constantemente surgen explicaciones claras sobre qué hace cada stat, cada habilidad, cada objeto e incluso cada elemento del terreno. Eso ayuda a que, con el tiempo, todo cobre sentido y deje de sentirse como una maraña de sistemas. No es un título inmediato ni especialmente amigable en su primera impresión, pero tampoco te abandona frente al caos.
Desventuras felinas
Teniendo ya cubierta la pequeña pero importante parte de gestión, vayamos a lo que realmente define el juego, los combates. Mewgenics es un RPG táctico con estructura roguelike. Las referencias más populares son Fire Emblem o Advance Wars, pero aquí todo está atravesado por sistemas, mutaciones y azar constante. No es solo mover unidades por turnos, es administrar probabilidades, estados alterados y sinergias.
En cada expedición llevas cuatro gatos, a los cuales deberás asignarles el rol más adecuado según sus características: atacante, mago, arquero y tanque son los principales. Las habilidades que cada uno tenga dependerá de la genética, mutaciones y subidas de nivel. Un gato que parecía destinado a ser soporte puede terminar convertido en una máquina de daño si la combinación de rasgos lo permite.


El combate se desarrolla en mapas cerrados por casillas donde absolutamente todo lo que te rodea importa, obstáculos que causan sangrado, hierbas que bajan precisión y rocas que empujan. El posicionamiento es todo. Un mal movimiento puede dejar a un gato expuesto y arruinar una run que venía perfecta (me pasó más de una vez). No se trata solo de atacar, sino de medir distancias, anticipar turnos enemigos y entender cómo interactúan los estados alterados. Hay venenos, infecciones, sangrados, mejoras temporales y efectos pasivos que se acumulan y cambian el ritmo de cada enfrentamiento.
El mapa general no solo es una sucesión de combates. También incluye eventos donde se pone a prueba tu construcción de equipo. A veces necesitarás cierto nivel en un stat específico para obtener una recompensa; si no lo tienes, la sanción puede ser muy dura, daño permanente, pérdida de recursos o desventajas futuras. No siempre puedes evitar estos eventos, así que el riesgo es constante. El juego te obliga a pensar a largo plazo, aunque cada batalla puede costarte toda la partida


Además, durante el recorrido se consiguen objetos equipables que alteran habilidades, modifican estadísticas o añaden efectos pasivos. Estos objetos pueden potenciar builds ya fuertes o intentar compensar debilidades evidentes. Pero como todo aquí, también dependen del RNG. No siempre obtendrás lo que necesitas, y adaptarte a lo que el juego te da es parte central de la experiencia.
Progresión cruel, pero justa
La progresión del juego está marcada por la permanencia de las consecuencias. Los gatos pueden caer en combate y, si la situación se descontrola, morir de forma permanente. Perder un gato fuerte no es solo perder una unidad en batalla, es perder todo lo que podía aportar al regresar a casa y jubilarse: combinaciones genéticas valiosas y futura descendencia. Cada run, aunque en esencia siga la misma estructura, se siente distinto porque cada gato es único. Es difícil no encariñarse. Cuando uno se lastima, puede perder stats que afectarán su rendimiento y su descendencia, pero si muere, es un adiós definitivo. El juego está diseñado para que los sientas tuyos y quieras llevarlos lo más lejos posible.

Al final de cada nivel, tras derrotar al jefe de turno, puedes avanzar al siguiente tramo o regresar a casa si crees que ya hiciste suficiente. Si decides volver, empiezas una nueva expedición desde cero, pero los gatos que regresan pasan a estar jubilados. Ya no podrán salir otra vez; su rol ahora será aportar a la crianza y asegurar la siguiente generación. Tras cada expedición también vuelven con recursos, principalmente comida y dinero, que sostienen la colonia felina.
Estás entre arriesgar una expedición más para ganar experiencia y mejores recompensas, o retirarte a tiempo para asegurar beneficios y proteger su legado genético. La progresión no se mide solo en estadísticas que suben, sino en cómo administras pérdidas, en qué gatos decides preservar y en cómo mantienes estable la economía del hogar. Cada combate alimenta la gestión, y cada decisión en casa condiciona la siguiente salida.

La progresión no se limita a tus gatos y sus stats, también se refleja en la base. A medida que completas expediciones y cumples encargos, mejorar la capacidad de almacenamiento de comida, acceder a mejores objetos y amplían las posibilidades dentro de la casa. La colonia se vuelve más estable y mejor preparada para soportar pérdidas y asumir riesgos mayores.
Luego está la progresión genética. No se trata solo de tener un gato fuerte, sino de construir una línea. Mezclar rasgos, buscar combinaciones raras e intentar que cierta habilidad pase a la siguiente generación. Cuando una cría hereda justo lo que querías, se siente como una pequeña victoria estratégica. Eso sí, el RNG juega un papel fuerte. Conseguir que un futuro gato adquiera una habilidad específica o determinados stats es complicado y muchas veces depende más del azar de lo que gustaría.
Progresar no significa volverte invencible, sino aprender a sobrevivir mejor dentro de un sistema que siempre que pueda te castigara. La evolución es orgánica, muchas veces cruel, pero coherente con todo lo que el juego propone.

Un mundo hecho mierd* con estilo y ritmo propio
El mundo plantea un futuro posapocalíptico que no se toma en serio. Está destruido, sí, pero a nadie parece importarle. Su mundo pútrido está construido desde lo absurdo. Hay un humor negro muy bien manejado que atraviesa diálogos, situaciones e incluso mecánicas. No es un chiste constante, pero sí un gris que derrocha personalidad. El diseño de enemigos y personajes también suma mucho.
Tienen identidad, líneas con intención y detalles que los diferencian. No son simples vendedores o enemigos de turno, pues siempre terminas recordándoles, incluso encontrándote con algunos. El juego entiende que el tono no depende solo del escenario, sino también de quién habita ese mundo.

En lo visual, el arte caricaturesco oscuro es uno de sus mayores aciertos. Edmund siempre ha trabajado con un estilo sucio, deformado, a veces grotesco, pero nunca desagradable al punto de alejarte, y aquí lo lleva un paso más allá. Todo parece salido de la cabeza de un niño traumatizado y retorcido. La paleta de colores, las expresiones exageradas y las animaciones aportan personalidad constante y coherente con el caos que propone.
Los escenarios refuerzan la sensación de decadencia y abandono. Cada zona transmite que algo salió mal hace mucho tiempo, y esa construcción ambiental encaja perfecto con el tono ácido que maneja el juego.

La música es otro punto fuerte. La apuesta por el jazz y sus derivados tiene un ritmo anormal, pues derrocha carácter y, sobre todo, energía. En combate acelera la tensión sin volverse caótica. Es una banda sonora que acompaña, refuerza y define el tono ácido y oscuro del juego.
Cuphead hizo una apuesta hermosa al llevar el jazz instrumental a su banda sonora, pero Mewgenics lo lleva a la cima. Pocas veces un soundtrack se siente tan integrado al diseño visual y al ritmo del gameplay.
¿Vale la pena Mewgenics?
Sí, lo vale, y mucho. Probablemente estamos ante uno de los mejores juegos del año y, sin duda, uno de los mejores de su género. Edmund ha dedicado casi una década de su vida a sacar adelante este proyecto, y se nota. No es solo uno más de sus experimentos, es un juego bien pensado, trabajado y pulido hasta en el más mínimo detalle.
Mewgenics toma un género que suele sentirse frío, demasiado técnico y repetitivo, y lo llena de identidad y carisma.. No solo planeas turnos, planeas generaciones, subes stats y construyes líneas. Pues cuando todo se conecta, la crianza, la base, los objetos, el posicionamiento en combate, el resultado es una experiencia que se siente única dentro de un terreno que rara vez arriesga tanto.
El caracter, el humor negro bien medido, un arte grotesco pero coherente, una banda sonora con personalidad y una atmósfera extraña y ácida que lo envuelve todo marca el sello del autor, reconocible desde el primer minuto.
Claro, no es perfecto. El RNG puede frustrar, la dificultad puede sentirse injusta y la cantidad de sistemas puede abrumar al inicio. No es para todos, y eso está bien. Afortunadamente, dentro de lo complejo que puede ser el género, el juego hace un esfuerzo real por ser accesible y explicarte sus sistemas. Y si decides darle una oportunidad, como yo lo hice, lo más probable es que termines encontrando una experiencia inimaginable.


