Starfish Neuroscience, la empresa de neurotecnología de Gabe Newell, fundador de Valve y Steam, ha anunciado que está desarrollando un chip cerebral personalizado para crear una interfaz cerebro-computadora mínimamente invasiva.
En una reciente actualización de su blog, la compañía explicó que el chip está diseñado como un implante cerebral inalámbrico sin batería, capaz de leer y estimular la actividad neuronal en múltiples áreas del cerebro de forma simultánea. Esta tecnología tiene el potencial de ayudar en tratamientos para diversos trastornos neurológicos.

A diferencia de Neuralink, la compañía de Elon Musk, que se enfoca en intervenir una sola región de la corteza motora cerebral, Starfish apuesta por un ser menos invasivo. Su diseño de tan solo 2×4 mm, busca reducir significativamente la necesidad de procedimientos quirúrgicos complejos:

Actualmente, la empresa está en la búsqueda de colaboradores para las etapas iniciales del proyecto, especialmente en gente a la que se le integre bien esta tecnología con su trabajo como suministro de energía inalámbrica, comunicaciones y dispositivos neuronales implantables, con la intención de explorar nuevas aplicaciones para esta prometedora tecnología. De acuerdo con la compañía, una versión funcional del chip podría estar disponible hacia finales de 2025.
Chip neuronales y ¿videojuegos?
En una entrevista con IGN en 2020, Newell comentó:
“Creo que conectar con la corteza motora y visual será mucho más fácil de lo que se pensaba. Hacer cosas como leer y escribir desde la corteza motora de una persona es un reto mucho más manejable que, por ejemplo, intentar que alguien sienta frío. Nunca lo habría imaginado antes de investigarlo. Resulta que el cerebro tiene interfaces muy eficientes para ciertas funciones y otras extremadamente complejas. Por ejemplo, la percepción del frío involucra al sistema inmunológico y muchas regiones cerebrales distintas, mientras que la corteza motora y visual son mucho más accesibles”.

Ya en 2019, el psicólogo Mike Ambinder había mencionado el potencial de las interfaces cerebro-computadora para redefinir la inmersión en los videojuegos. Esto sugiere que, más allá del ámbito médico, esta tecnología podría marcar un hito en la industria del entretenimiento interactivo.






