El ex presidente de Rockstar North, Leslie Benzies, rechazó públicamente las acusaciones de abuso sexual que surgieron en los recientes “Epstein Files”. Según su comunicado compartido con Kotaku, Benzies sostuvo que tuvo solo una relación consensuada de tres meses con la denunciante y nunca conoció a Jeffrey Epstein ni visitó sus propiedades o isla. De igual manera, se puede señalar que las menciones de Benzies y del actual presidente de Rockstar,Sam Houser, provienen de la perspectiva personal de la denunciante y, por lo tanto, no implican responsabilidad legal.

¿Qué dijo realmente Leslie Benzies?
Las acusaciones aparecieron en documentos relacionados con la investigación de Jeffrey Epstein y Ghislaine Maxwell, donde la víctima reconocida Sarah Ransome señaló a Benzies y mencionó a Houser en un contexto personal. Benzies, quien dejó Rockstar North en 2016 y fundó Build a Rocket Boy, emitió un comunicado completo en el que afirmó: “Estas alegaciones son falsas. Tuve una relación consensuada de tres meses con esta persona, y nunca he conocido a Jeffrey Epstein, ni he visitado su isla, sus propiedades ni viajado en su avión. Cualquier sugerencia contraria es engañosa”.
Benzies destacó que las menciones en los “Epstein Files” reflejan la perspectiva personal de Ransome y no constituyen cargos formales ni evidencia judicial. Por otra parte, ni Sam Houser ni Rockstar Games han emitido declaraciones oficiales sobre la situación. Además, la información reciente ha generado gran debate en redes sociales y entre la comunidad gamer, especialmente porque la industria atraviesa momentos de escrutinio por condiciones laborales y controversias previas.
¿Quién tiene la última palabra?
Más allá de la versión de Leslie Benzies, esta polémica recuerda que la industria del entretenimiento y los videojuegos no está exenta de cuestionamientos éticos. La voz de las víctimas debe escucharse, y los procesos de denuncia respetarse, mientras el público reflexiona sobre el poder y la responsabilidad de quienes crean contenidos que impactan millones. Esta situación invita a cuestionar cómo se manejan los abusos y la cultura de impunidad en entornos laborales y mediáticos.






