Verano de 1998. Colegio terminado. Callao. El plan perfecto: ir al local de videojuegos a jugar PlayStation. ¿El problema? Estaba a 20 cuadras, bajo un sol asesino y sin una gota de agua. Uno por uno, mis amigos caían vencidos por la insolación. Y yo, en mi último aliento, susurré: “quiero una Pepsi”. Entonces sucedió: una figura plateada apareció al ritmo de una música funky. Corrió hacia nosotros, levantó la mano y dijo: “Pshaaaa”. En un parpadeo, teníamos latas heladas de Pepsi en las manos. Habíamos sido salvados por él. Por Pepsiman.
Claramente, esta es una historia 100% real no fake.

¿Quién es Pepsiman y cómo llegó a existir?
Pepsiman no es solo un personaje de videojuego, sino la representación viva (y torpe) de una campaña publicitaria tan extraña como efectiva. Creado en Japón en los años 90 por el publicista Takuya Onuki, Pepsiman encarnaba tres valores clave: juventud, rebeldía y americanismo. Inspirado por la cultura de los superhéroes y el estilo de los Tokusatsu (como los Power Rangers), Onuki propuso un héroe sin rostro, con cuerpo de aluminio y una sola frase: “pshaaa”, la onomatopeya del gas al abrir una Pepsi.

El resultado fue tan surreal que funcionó. A eso súmale que la producción de los anuncios estuvo a cargo de Industrial Light and Magic, la misma empresa detrás de los efectos especiales de Star Wars. Sí, ese nivel de producción para un tipo que corre repartiendo gaseosas.
Una avalancha de Pepsi y merchandising
Entre 12 y 15 comerciales protagonizados por Pepsiman se lanzaron en Japón. Todos seguían la misma fórmula: alguien necesita una Pepsi, Pepsiman aparece, la entrega heroicamente, se tropieza de forma cómica y se va. Esta locura vino acompañada de una ofensiva de merchandising brutal: pines, relojes, figuras con olor a Pepsi, alcancías, llaveros y hasta chapitas coleccionables que se volvieron íconos.







Hubo incluso una “Pepsi Woman” para promocionar la Pepsi Lemon diet. Su diseño es… raro, digamos. Muy japonés. Utiliza un pasamontañas en la cabeza que hace que se parezca a un limón.
El salto a los videojuegos: de peleas a persecuciones absurdas
Pepsiman debutó en el mundo de los videojuegos como personaje secreto en Fighting Vipers para Sega Saturn. También tuvo un arcade japonés de piedra, papel o tijeras (sí, eso existe). Pero el paso grande vino con su juego propio en PlayStation 1, desarrollado por KID, una empresa más conocida por novelas visuales románticas que por acción frenética.
El director del juego fue Kotaro Uchikoshi, hoy célebre por la saga Zero Escape, pero que en ese momento solo quería hacer juegos de mesa. El proyecto no era ambicioso: bajo presupuesto, poco tiempo y una misión clara, ser una extensión del marketing.
Un gameplay simple, raro, pero adictivo
El juego de Pepsiman es esencialmente un “infinite runner” antes de que eso fuera un género: correr hacia adelante esquivando obstáculos para entregar Pepsi. Basado en los comerciales, atraviesas casas, ciudades, desiertos y fábricas, evitando desde bisontes hasta bandas moteras. El juego era corto (se puede terminar en menos de una hora) pero adictivo, absurdo y difícil. Justamente por eso muchos lo recuerdan con cariño.
Además, tenía una banda sonora inolvidable. El tema principal, compuesto por James Shimoji, mezcla jazz, órgano y percusiones, con una sola palabra: Pepsiman. Se lanzó incluso en vinilo en 2020 solo en Japón, por supuesto.

Un canadiense, cinemáticas raras y Pepsi everywhere
Las cinemáticas del juego fueron protagonizadas por Mike Butters, actor conocido por la saga Saw, quien interpreta a un sujeto que básicamente vive tomando Pepsi y jugando Pepsiman. Tal vez una crítica a los consumidores… o simplemente otro chiste sin sentido más del juego.

El título se lanzó el 4 de marzo de 1999 en Japón a un precio de 2800 yenes (unos 20 dólares). No hubo promociones, ni canjes, ni bundles con latas de Pepsi. Solo se lanzó como otro producto de marketing más. Y como era de esperarse, fue un fracaso comercial.

Entonces… ¿cómo llegó a nuestras manos?
Gracias a un héroe anónimo, algún pirata con criterio y corazón, Pepsiman llegó a Latinoamérica mucho antes que a otras regiones. Lo jugamos sin saber que era exclusivo de Japón, sin entender del todo qué pasaba, pero lo disfrutamos. Su rareza, su música, sus torpezas, lo convirtieron en una leyenda urbana digital de los noventa.

En EE. UU. no se popularizó hasta 2017 gracias a youtubers, pero en nuestros barrios ya era historia antigua.
El legado absurdo y eterno de un héroe sin rostro
Pepsiman fue olvidado por Pepsi tan rápido como llegó. Un año después, lo reemplazaron por otra campaña. Pero el internet lo revivió. Hoy existen cosplays, fanarts, mods, fangames y speedruns. Es recordado, querido y celebrado. Porque a veces, lo que empieza como una simple campaña de gaseosa termina convirtiéndose en un ícono cultural.

Y cada vez que escuchamos su música, o abrimos una Pepsi bien fría, sentimos que Pepsiman vuelve a correr una vez más.






