Donkey Kong es uno de los personajes más icónicos de la industria de los videojuegos y, curiosamente, también era uno de los más olvidados por parte de Nintendo. Aunque en Switch 1 no tuvimos ningún juego nuevo de la saga, su rediseño para la película de Mario nos hizo pensar en que un nuevo título estaba en camino, y nuestras oraciones se hicieron realidad con Donkey Kong Bananza.
Cuando nos mostraron el gameplay de este juego, todo era ¿confuso?: destrucción total, mundo semiabierto y recolección de plátanos al mejor estilo de las lunas de Mario Odyssey. Ambición en su máximo esplendor. Y ya con la Switch 2 en nuestras manos y más de 30 horas de juego, podemos hablar sobre cómo este juego puede meterse de lleno a la competición por el GOTY 2025.
El origen de Pauline
La narrativa que guía este juego es sencilla: aquí DK se aventura junto a una joven Pauline en las Islas Ingot, bajo tierra, para recuperar las Gemas de Banandio (diamantes en forma de plátano) robadas por la banda villana Void Company.
La historia es una excusa para todo lo que veremos. No es profunda, ni necesita mayor explicación. Pauline, pequeña, pero con gran voz, sentirá gran confianza con nuestro protagonista y será su compañera en las aventuras rumbo al centro del planeta, en un lazo fraterno que nos irá conquistando con el paso de las horas. La relación es muy tierna, por lo que termina compensando la simpleza de la trama. Existe un pequeño giro de guion casi para el final de la historia, que en sí es más el retorno de un viejo amigo (o enemigo), pero me faltaron más de esos momentos durante el camino.

Lo que sí debería decirte es que no trates de romperte la cabeza buscando un lugar para Bananza en el canon de esta franquicia. Hay teorías sobre si este juego es una precuela del Donkey Kong original, del propio Odyssey, o hasta que es un reinicio o universo alternativo. Piénsalo así: es mejor creer que es una reinterpretación libre del personaje, pero con referencias y homenajes a las décadas de juegos que hemos visto hasta el momento.
Mono romper, mono ser feliz
Y pasemos al que es su principal diferenciador de todos: su jugabilidad adictiva. Donkey Kong Bananza se basa en romper todo lo que puedas de los escenarios. Realmente Nintendo encontró una mecánica enganchante que no cansa ni pasando las 30 horas de juego. Ni bien entiendas los controles, vas a querer destruir todo. Y los desarrolladores lo tienen tan bien pensado que te recompensan constantemente con oro, coleccionables y las bananas, 777 frutas que debemos buscar en los múltiples estratos de la Tierra. Cada 5 de ellas, iremos subiendo un punto de nivel para un pequeño árbol de habilidades que nos permitirá destruir objetos más fuertes, tener mayor vida o poder mejorar nuestro radar de búsqueda y recolección de objetos.

Y si piensas que en un momento esto puede estancarte, llega una nueva mecánica que da el nombre al juego: las Bananzas. Si juntamos cierta cantidad de poder de destrucción, se nos permitirá tener transformaciones en animales que potenciarán y brindarán nuevas habilidades. Por ejemplo, la Bananza Kong nos permite romper objetos con dureza extrema, o la Bananza Cebra no permitirá correr a altas velocidades por superficies que nuestro mono rompería al mínimo contacto en circunstancias convencionales. Y todo es entregado de forma escalonada, con el propio avance del juego, y en momentos donde piensas que ya lo viste todo.

Aquí radica la diversión del juego. Estamos en un juego de plataformas 3D con un mundo semiabierto que logra que todo se sienta realmente fresco y divertido. Cuando piensas que ya no puedes destruir más, encuentras misiones de combate, contrarreloj o exploración que requerirán de nuestras destrezas para completarlas y encontrar sus recompensas. Aquí aparecen un par de secciones nostálgicas que son, en pocas palabras, escenarios rehechos o inspirados en Donkey Kong Country. Un excelente recuerdo para los fans de la vieja escuela.

Como experiencia general, Donkey Kong Bananza tiene uno de los diseños de niveles más impresionantes que he visto desde hace mucho. Está pensado para que vayas de extremo a extremo en sus diferentes biomas y que ninguna parte se sienta vacía o solitaria. Absolutamente todo tiene algo para ver, escalar y destruir y, como dije antes, todo tiene premio.

En cuanto a jugabilidad, hay dos cosas que no me gustan. Primero, la mecánica de destruir hace que te inmiscuyas en lugares profundos o zonas muy incómodas y esto se verá reflejado en tu cámara. Hay secciones en las que no encuentras sentido a lo que estás viendo. Simplemente las perspectivas de visión no te ayudan y no sabes dónde estás. Es un mal comprensible, ya que la forma en la que destruyas las cosas serán tan dispares por cada jugador que forzarán al juego a nuevos ángulos. A esto le sumo el hecho de que algunas veces serás tan machacabotones que la propia física del mono en su contacto con los objetos se ponga un poco raro.
Lo otro es la dificultad. Contamos con dos modos, Normal y Ayuda, y sencillamente serán muy pocos los momentos en los que necesitarás algo más de raciocinio para completar las misiones. Quizás en el último mundo, y el último jefe, sea donde realmente suframos, pero nada que haga dejar la consola para tomar un respiro de lo difícil que está. Si quieres un reto de este estilo, te recomiendo hacer el post-game, donde el “verdadero final” es el gameplay hardcore, con una secuencia en la que Nintendo pone a prueba lo que aprendiste en todo el juego.

Hablando de tiempos, completar Donkey Kong Bananza con 550 plátanos de 777 me costó un aproximado de 35 horas. Por todo el contenido que nos entregan, los 70 dólares de precio están más que justificados.
Poniendo a prueba a la Switch 2
Gráficamente, este juego es hermoso y se nota ya que estamos en una nueva generación. El apartado artístico es muy bueno, con un buen diseño de personajes y panorámicas espectaculares. Existe un alto grado de detalle, lo cual realmente se aprecia y agradece en todo momento.

Todo esto se repite con la banda sonora. Muy buena en todo tipo de situaciones y acompaña muy bien nuestras aventuras. Todo el apartado musical, desde el soundtrack hasta los efectos han sido muy bien puestos.
Y es increíble lo bien que va la consola en medio de la destrucción total del escenario. Sé que estarás preguntando: “pero Leo, vi una reseña en la que decían que existen bajones de FPS”. Posiblemente las haya, pero yo que he jugado casi todo el juego en modo portátil, no he sentido problemas o han sido casi imperceptibles, por lo que no empañó en ningún momento mi experiencia.
Y pensándolo bien, me sigue pareciendo increíble que el minimapa también cambie de acuerdo a nuestro paso destructivo. Un aplauso por ese tipo de detalles.

Mención aparte va para el doblaje en latino. La voz de nuestra Pauline es maravillosa y está muy bien representada.

En kong-clusión: ¿vale la pena Donkey Kong Bananza?
Donkey Kong Bananza es un juego redondo para volver a la franquicia. Es una nueva fórmula, pero si te pones a pensar, es más que nada la evolución consecuente de todo lo que hemos visto del carismático primate. Es un título adictivo que nos ofrece decenas de horas de diversión y que no se estanca en ningún momento.
Nos hubiese gustado que fuese un poquito más retador de manera consistente en todo el juego y no solo en las partes finales, además de que la historia sea un poco más que funcional con algún que otro giro memorable (aunque ya estoy seguro que saldrá alguien a decir que “es Nintendo, ¿qué esperabas?”), pero nada empaña la experiencia: es un excelente título y, en lo personal, un verdadero motivo para comprar la Nintendo Switch 2 en este su primer año de lanzamiento.


