Analizado en PC
Entre tantos juegos que se han ido lanzado al mercado, géneros como roguelikes, metroidvanias, soulslikes y RPG han estado dando la hora y confirmando lo que a la gente le gusta y quiere. Entre varios de los géneros tenemos uno, sigilo, que ha aportado mucho a la industria, pero que está pasando por un momento «entre las sombras», no solo porque hace mucho no hay opciones nuevas en el mercado, sino porque también no es un género para todos.
Sagas populares enfocados en el sigilo como Thief, que tuvo recientemente un juego de VR que pasó sin pena y gloria, y Dishonored, que no tiene un juego desde el 2017, peor aún, si el último juego desarrollado por ellos fracasó, sí, a ti te hablo Redfall, no han logrado sobrevivir. Si mencionamos sagas antiguas podemos hablar de Metal Gear Solid, que ha salido recientemente de la cueva, con un remake y compilaciones de juegos trayendo la nostalgia a la actualidad, también podemos sumar a Assasins’ Creed, que ya no enfoca sus juegos al sigilo como lo fue en su inicio, o Hitman, que actualmente está priorizando colaboraciones.
Y sí, el género de sigilo ha estado en silencio, pero eso no quiere decir que no salgan juegos que revitalicen el género como si se tratase de un leon dormido esperando por su comida, por lo que no me sorprendería las sorpresas que nos pueda tener este año. Por eso, ahora toca hablar de un juego de sigilo que, durante 12 años, ha tenido solo 2 juegos que han pasado por agua tibia, ni buenos ni malos, pero que sí son divertidos. Pues, es momento de Styx: Blades of Greed, tercera entrega de una saga que tiene lo suyo, y que considero que ha podido dar más.
Puedo decir que jugué a los anteriores juegos y me he divertido. No me han parecido juegazos, pero dentro de todo tienen lo suyo. Ahora, con esta tercera entrega, no era un juego que estaba loco por probar, pero ha tocado la oportunidad. La pregunta ganadora es: ¿Estamos ante el mejor juego de la saga o, lastimosamente, pasará sin pena ni gloria como las dos entregas anteriores?
De vuelta a las andadas
En esta entrega nos ponemos nuevamente en la piel de Styx, un duende con una personalidad bastante particular y un maestro del sigilo con humor ácido y gracioso, pero con intereses muy personales. En esta ocasión, la aventura girará en conseguir un misterioso y poderoso recurso llamado Cuarzo, que después de tocarlo obtendrá habilidades; pero, claro, no será suficiente para nuestro protagonista. Hay que aclarar que no estamos ante una historia del héroe que emerge para salvar una ciudad y derrotar al villano de turno. Styx no va a buscar salvar el mundo, ni siquiera a sus compañeros, sino, los llevará al peligro todo el tiempo, para poder cumplir su interés personal: conseguir más Cuarzo.
En términos generales, pienso que es una narrativa decente; no es una historía increíble, pero cumple. La personalidad de Styx salva muchas veces los momentos un tanto aburridos y que no aportan mucho a la historia, ya que hay muchas cinemáticas que sin sentido a lo que se quiere contar y que solo están ahí para aumentar el tiempo de juego. No esperes que la historia te atrape completamente o te sorprenda con giros inesperados: es un complemento para conocer todo lo que nos ofrece el juego como el mundo en el que se desarrolla, mecánicas y la jugabilidad de esta entrega.

Entre las sombras
Si bien es cierto que el sigilo no es para todos, hay muchos jugadores que se frustran al jugar este tipo de títulos o simplemente no tienen la paciencia suficiente para este género. Aun así, es verdad que, de una u otra forma, los juegos de sigilo te brindan una manera diferente de jugar y una sensación constante de estar pensando estratégicamente tu siguiente movimiento.
Si ya jugaste anteriormente las entregas previas de Styx, o algunas de las sagas de videojuegos de sigilo más famosas de la industria, ya sabes perfectamente lo que te espera aquí. Si hay algo que puedo destacar de Styx: Blades of Greed es, precisamente, su sigilo. Está claro que es la base del juego y, lo más importante, funciona bien. Además, en esta ocasión han querido mejorar esa experiencia apostando por una mayor verticalidad, algo de lo que carecían las dos entregas anteriores.
La verticalidad ayuda a que el juego nos permita subir a lugares altos para tener una mejor visualización del entorno, localizar enemigos para poder atacarlos o librarnos de un grupo que nos acecha corriendo por los tejados. Todo esto aporta mucho a la experiencia, ya que profundiza en el sigilo. Sin embargo, el juego tiene una desventaja importante: la caída te mata automáticamente. ¿Y cómo es posible eso? Así como lo lees: aun cuando crees que puedes saltar hacia un lugar que no te va a matar, estás equivocado. Sucede con frecuencia y llega un punto en el que puede volverse bastante frustrante.
Desde moverte en silencio para apuñalar a tus enemigos, esconderte entre coberturas, apagar antorchas para ser menos visibles o atacar desde las alturas, hay muchas formas de afrontar cada situación. Es muy satisfactorio ver caer a un gran enemigo que hemos envenenado, o estar a punto de empujar a uno de sus compañeros desde el tejado. La verdad es que genera una satisfacción muy similar a la que transmiten los mejores juegos de Arkane. Y sí, hay muchas opciones para acabar con un enemigo, diversas estrategias para elegir, y las herramientas que tenemos a disposición hacen que esta entrega ofrezca una experiencia agradable y divertida.
También hay que destacar que no estamos limitados únicamente a las zonas semiabiertas, ya que el juego nos ofrece una gran cantidad de herramientas, como las habilidades de Styx, las runas, los objetos y los poderes de Cuarzo. Se nota que se han inspirado en varios juegos para dar forma a algunas mecánicas y sistemas, como un crafteo similar al de The Last of Us, y no solo eso, sino también una forma de entender el sigilo cercana a la de Assassin’s Creed y Far Cry. Un ejemplo es el doble salto, una mecánica que nos ayuda a alcanzar zonas elevadas o desplazarnos a otros lugares. Sin embargo, aquí aparece un problema: los saltos son inconsistentes, algo muy parecido a lo que ocurría en las dos primeras entregas.
Algo que he leído con frecuencia es que siempre hubo quejas respecto al sistema de combate. Pero hay que tener algo muy claro: este juego no tiene un sistema de combate complejo ni está enfocado en la acción. Su base es, totalmente, el sigilo. Por eso resulta desagradable leer reseñas que, desde la primera entrega, han criticado este aspecto, algo que me parece ilógico sabiendo exactamente a qué apunta este juego. Al igual que ocurre con cualquier título centrado en este género, uno debe ser consciente de lo que va a encontrar. Incluso quien les habla —que no es especialmente fan de este tipo de juegos— ha terminado divirtiéndose bastante con esta entrega.

Un juego de sigilo en la actualidad
Ahora bien, hablemos de un punto importante que marca una inflexión en esta entrega. No diría que es algo polémico, pero sí es un aspecto clave del que vale la pena hablar: la estructura de juego. Styx: Blades of Greed presenta un cambio claro, ya que su diseño de niveles pasa a estar basado en mundos semiabiertos que podremos recorrer durante nuestra aventura. Sin duda, se nota que el estudio ha buscado que esta entrega se sienta como un juego de sigilo más actual. Y te doy una noticia: el cambio no ha sido malo. En cada zona que visitamos se nos da la posibilidad de elegir cómo afrontar la misión o enfrentarnos a los enemigos, y es cierto que la variedad de rutas ayuda mucho a que el sigilo sea más dinámico, ya que no siempre optaremos por el mismo camino.
En cada área a la que viajamos vamos a encontrar piedras de cuarzo ubicadas en lugares algo peculiares, misiones secundarias (sí, era imposible que un mundo semiabierto no las tuviera) y tareas extra que van apareciendo a medida que avanzamos en la historia. Tampoco hay que esperar una libertad total, ya que casi siempre estaremos desplazándonos del punto A al punto B sin que nos vean, moviéndonos en sigilo y asesinando entre las sombras.
Puedo decir que esta entrega, y sobre todo el cambio en el diseño de niveles, está bien aprovechado. Cada nueva zona que visitas transmite esa sensación de que puedes afrontar la situación de muchas formas distintas. Claro que siempre habrá una opción que te facilite superar el momento en el que te encuentras, pero encontrarla se convierte en una tarea adicional. En lo personal, la variedad de los entornos y todo lo que nuestro duende carismático tiene a su disposición forman una combinación muy acertada. La verdad, no me puedo quejar: hay una gran cantidad de opciones disponibles.
Algo que me causa un poco de gracia —porque resulta bastante notorio— es que, cuando avanzamos por los escenarios o planeamos una estrategia para enfrentar a los enemigos, los propios caminos parecen estar diciéndote: “tienes que venir por aquí” o “usa el sigilo”. Es muy fácil darse cuenta de esto, ya que el diseño de las cabañas, e incluso de las cuevas, parece estar colocado sin demasiada sutileza. No hay una sensación real de descubrimiento u organización natural; más bien, son elementos añadidos para darte más opciones, pero se pierde un poco la magia de sentir que tu decisión de ir por un camino específico te permitió ganar ventaja real sobre los enemigos.

Diferente juego, mismo problema
Algo que tengo que decir —y que, sinceramente, me genera bastante disgusto comentarlo— es un problema que arrastra la saga desde la primera entrega de Styx: la inteligencia artificial de los enemigos. Lamentablemente, Styx: Blades of Greed sigue sufriendo de una IA inconsistente. Puedes estar muy cerca de un enemigo, o lanzar una botella para distraerlo, y aun así muchas veces no se dará cuenta correctamente o reaccionará de forma poco natural, limitándose a mirar el lugar donde cayó el objeto.
Es cierto que, para el jugador, esto puede convertirse en un beneficio a la hora de superar los escenarios y ganar ventaja sobre los enemigos, pero el problema aparece cuando te das cuenta de que este mismo fallo se repite en los tres juegos. Y eso ya no es algo que se pueda pasar por alto.
En muchas ocasiones, los enemigos no son capaces de detectarte como deberían. El comportamiento es errático y, en algunos momentos, incluso injusto. Personalmente, creo que Cyanide Studio pudo haber hecho un mejor trabajo en este apartado. Ellos han desarrollado todas las entregas de la saga; no se trata de un estudio que haya reemplazado a otro, y son plenamente conscientes de los problemas que arrastraban los dos primeros juegos.
Por momentos, incluso da la sensación de que se ha mantenido este comportamiento casi a propósito, como si fuera una especie de “sello personal” del estudio. Me sorprende que, después de tres juegos, un aspecto tan importante para un título de sigilo no haya sido corregido desde hace mucho tiempo.

Unreal Engine 5, ¿a qué costo?
Algo que admiro —y también aplaudo— es el avance tecnológico en los videojuegos. A lo largo de los años hemos podido ver este progreso muy de cerca, no solo porque permite que la experiencia sea cada vez más satisfactoria, sino porque la mejora visual también ayuda a complementar otros apartados que pueden ser mejores o simplemente correctos dentro de un juego. Sin embargo, es cierto que esto no siempre termina bien, ya que en muchas ocasiones el apartado visual afecta directamente al rendimiento y provoca que un título llegue a volverse injugable.
Y sí, me refiero específicamente al apartado gráfico. Styx: Blades of Greed está desarrollado con Unreal Engine 5, algo que, en principio, podría considerarse como uno de los grandes cambios de esta entrega. Pero, lamentablemente, no todo sale tan bien. Hay texturas que tardan en cargar mientras nos desplazamos por los escenarios, cinemáticas algo extrañas y expresiones faciales que no resultan del todo naturales.
Ahora bien, es cierto que el juego presenta varios fallos técnicos y visuales que no llegan a arruinar por completo la experiencia, pero están ahí, rondando constantemente y recordándonos que algo no termina de funcionar como debería. Aun así, considero que muchos de estos problemas podrían solucionarse con parches posteriores al lanzamiento.
El juego se ve bien, eso no está en discusión. Valoro que el estudio haya intentado que el salto gráfico se note, ya que la iluminación, las partículas y las texturas lucen correctamente. Sin embargo, en algunos momentos el resultado no termina de cuajar. Es verdad que la jugabilidad centrada en el sigilo puede llegar a “maquillar” este apartado, pero cuando los errores visuales se hacen evidentes, es difícil pasarlos por alto.
Ya sabemos que Unreal Engine 5 no siempre ha tenido un historial positivo en muchos lanzamientos. Claro, hay juegos que sí han superado esa prueba de fuego, pero en esta ocasión, a nuestro compañero duende no le ha sentado del todo bien este motor gráfico. Personalmente, creo que el estudio podría haber optado por un escalón menos en lo visual, y probablemente el resultado habría sido más sólido, porque —una vez más— lo mejor que tiene esta saga sigue siendo el sigilo.
A esto hay que sumarle que el juego fue probado íntegramente en PC, y el rendimiento resulta algo entrecortado en ciertos momentos. Aun así, agradezco que Unreal Engine 5 no haya terminado por romper la experiencia, como me ha ocurrido con otros lanzamientos recientes que resultan prácticamente injugables y obligan a esperar parches de optimización. Este es, precisamente, uno de los puntos que los desarrolladores deberían priorizar y corregir en las semanas posteriores al lanzamiento de esta entrega.

Diálogos en las sombras… y fuera de ritmo
Finalmente, no quería terminar esta reseña sin hablar de los diálogos, ya que tienen algunos detalles que vale la pena mencionar. No es una crítica a las actuaciones de voz de los personajes; de hecho, en ese apartado no hay mayores problemas. Eso sí, hay que aclarar que el audio, al igual que en las entregas anteriores, está únicamente en inglés. Para quienes se preguntaban si el juego está en español, la respuesta es no, ni siquiera en español de España. A mí, personalmente, no me molesta en absoluto, ya que estoy acostumbrado a jugar con las voces en distintos idiomas. Además, el juego sí cuenta con subtítulos y textos en español, lo cual es suficiente para entender todo lo que va ocurriendo.
Hasta ahí, todo está bien y no hay ningún inconveniente. Sin embargo, hay un detalle concreto con los diálogos que sí termina llamando la atención: las pausas innecesarias. En varias conversaciones se sienten silencios extraños que rompen el ritmo de la escena y afectan el desarrollo de lo que está ocurriendo en ese momento. No son pausas excesivamente largas, pero se notan.
Incluso cuando no te interesa demasiado lo que están hablando, hay situaciones en las que esperas una reacción inmediata y, en cambio, ese espacio de silencio resulta un poco incómodo, como si los personajes dudaran o tuvieran miedo de hablar. Es un detalle menor, pero termina afectando la naturalidad de los diálogos.

¿Vale la pena Styx: Blades of Greed?
Lo que Styx: Blades of Greed hace bien, se nota. Sin duda, su punto fuerte es el sigilo. Las mecánicas de sigilo y movimiento resultan entretenidas e interesantes, y se agradece que el estudio haya sabido mejorar y arriesgar al profundizar en este apartado. No solo tenemos un cambio en la estructura de juego que funciona, sino que Styx también cuenta con muchas herramientas a su disposición para afrontar las situaciones desde las sombras: apuñalar enemigos desde las alturas, usar las habilidades de Cuarzo y combinar opciones que vuelven la jugabilidad más dinámica y estratégica frente a las entregas anteriores. Incluso, nuestro duende entrañable se mueve más rápido y, por supuesto, está más codicioso que nunca.
Pero no todo es positivo. Hay varios elementos y detalles de Styx: Blades of Greed que no le permiten destacar aún más y hacen que se sienta como una entrega correcta, pero sin un brillo adicional. La historia es regular y se nota que funciona más como un complemento del sigilo que como un pilar principal. No diría que es mala, pero sí es cierto que Styx salva la narrativa con sus momentos graciosos y sarcásticos; el hecho de que no sea el típico héroe ni quiera salvar el mundo suma mucho a su personalidad.
A esto se le añaden problemas que arrastra la saga desde su primera entrega, como los saltos imprecisos y una IA de enemigos inconsistente. También está el cambio de motor gráfico, que trae consigo errores como texturas que tardan en cargar, cinemáticas extrañas y expresiones faciales poco naturales. En este sentido, Unreal Engine 5 no ha favorecido del todo a la saga. Todo esto se complementa con diálogos que presentan pausas innecesarias y terminan rompiendo el ritmo de algunas escenas.
En resumen, si ya jugaste las dos entregas anteriores de la saga, este juego seguramente te gustará y te ofrecerá una experiencia superior gracias a los cambios en mecánicas, estructura de juego y nuevas herramientas. Por otro lado, si no has jugado ningún título de Styx y eres amante de los juegos de sigilo, también es una buena opción, especialmente mientras esperas nuevos lanzamientos del género, alguna sorpresa durante el año o el regreso de sagas famosas como Arkane o Metal Gear Solid.
Si me preguntas a mí si este es uno de mis géneros favoritos, diría que no del todo. Aun así, siento que de una u otra forma estos juegos terminan divirtiéndote y generándote cierto cariño, porque te obligan a analizar, ser paciente y pensar de forma estratégica. Y eso lo digo incluso yo, que no soy precisamente el jugador más paciente y prefiero sentirme como un Rambo (sí, mi género favorito son los FPS, seguidos de los looter shooters), arrasando con todo a mi paso.


