La industria de los videojuegos está viviendo un cambio notable. Varias desarrolladoras han decidido abandonar sus motores propios y optar por Unreal Engine 5, el motor de Epic Games.

Esta decisión es clara en el caso de Microsoft, que ahora desarrollará los próximos juegos de la saga Halo con Unreal Engine 5. Este movimiento responde a los altos costos y riesgos asociados con el desarrollo de motores personalizados.
¿Es el desarrollo de motores propios cosa del pasado?
Históricamente, las empresas de videojuegos han creado motores propios. Esto les permite adaptar sus herramientas a proyectos específicos. También les brinda una optimización detallada y una diferenciación en el mercado.

Sin embargo, el desarrollo de motores como Slipspace, utilizado en Halo Infinite, ha demostrado ser muy costoso y complicado. Se estima que el presupuesto supera los 100 millones de dólares y que el proceso puede llevar años de trabajo.

En la actualidad, la industria enfrenta una serie de despidos y reestructuraciones. Ante este panorama, la opción de utilizar motores de terceros, como Unreal Engine 5, se vuelve atractiva. Este motor destaca por su capacidad para ofrecer gráficos fotorrealistas.

Sus tecnologías, como Nanite y Lumen, facilitan la creación de mundos abiertos y reducen el tiempo de desarrollo. Además, su amplia comunidad y recursos disponibles lo convierten en una opción accesible para los desarrolladores.

Compañías como CD Projekt Red ya han anunciado que su próximo juego de la saga The Witcher se construirá con este motor. También Crystal Dynamics planea usar Unreal Engine 5 para la próxima entrega de Tomb Raider.
¿Un futuro dominado por Unreal Engine 5?
La adopción masiva de Unreal Engine 5 por parte de grandes desarrolladoras señala un cambio de paradigma en la industria de los videojuegos. Las compañías buscan optimizar sus procesos y centrarse en la creación de contenido. Es probable que esta tendencia continúe. Esto podría llevar a una mayor estandarización en las herramientas de desarrollo y a una mejora en la calidad de los juegos ofrecidos al público.






