Analizado en PC
Han pasado casi diez años desde Killing Floor 2, y cuando escuché que Tripwire Interactive lanzaría Killing Floor 3 me invadió una mezcla de nostalgia y entusiasmo. Esta saga siempre fue para mí sinónimo de sangre, acción y partidas interminables con amigos de sobrevivir a hordas de zombies. En cierto modo, era la alternativa más oscura y visceral a lo que ofrecía Left 4 Dead.
Sin embargo, el mundo del gaming ha cambiado mucho en estos años, y ese cambio también lo sentí en esta entrega. Desde el primer momento noté que Killing Floor 3 busca modernizarse con sistemas de progresión más enrevesados, pases de batalla y un aire a Hero-Shooter que no siempre le sienta bien.
Yo entré con ganas de encontrarme con una evolución natural de la saga, pero terminé con sentimientos encontrados: me divertí en algunos momentos, sobre todo en cooperativo, pero el juego se siente corto de entretenimiento, con problemas técnicos y, sobre todo, lejos de lo que uno espera de una tercera parte.
Sangre, zeds y rutina: trama y mecánicas básicas
La base sigue siendo la misma de siempre: sobrevivir a oleadas de mutantes llamados “zeds” (como el modo Supervivencia de Left 4 Dead, pero con un poco del estilo de Doom), conseguir dinero, mejorar tus armas y, finalmente, enfrentarte a un boss. Esa simplicidad nunca fue un problema, al contrario: es lo que siempre hizo que matar zeds fuese adictivo y satisfactorio.

Donde noté un cambio grande es en cómo se organizan ahora las clases. Antes podías combinar a tu gusto, pero ahora todo está ligado a personajes con habilidades pasivas, armas y dispositivos desplegables. Es un giro que al principio me llamó la atención, pero con el tiempo se volvió limitante: más de una vez quería probar cierta habilidad y me vi obligado a usar un personaje que no me gustaba en absoluto.
El problema más grande, sin embargo, es el contenido inicial. Sinceramente, después de tan solo 1 hora ya me había aburrido por la monotonía del juego. Los mapas son más grandes pero no terminan de ofrecer variedad suficiente para que la experiencia no se sienta repetitiva.
En solitario, esa repetitividad se multiplica: Las hordas parecen eternas y hay algunas tareas que no sabes exactamente como hacerlas porque el tutorial no menciona nada al respecto. En cambio, cuando jugué el multijugador la cosa cambió un poco pero no podía evitar pensar que había poco «entretenimiento» para mantenerme enganchado por mucho tiempo.

Entre el música vibrante y las vísceras
Los escenarios se ven más amplios y detallados, con un aire futurista que en momentos me recordó a Doom. La verticalidad de los mapas y elementos como paredes destructibles o torretas automáticas le dan un giro fresco a la jugabilidad, y debo admitir que eso me gustó bastante.
El nuevo sistema de desmembramiento me pareció una gran idea, aunque muchas veces las animaciones se sienten torpes, como si no estuvieran terminadas. Los jefes también me dejaron sentimientos mezclados: algunos me parecieron increíbles pero otros, como la Reina Crawler, parecían versiones remasterizadas de enemigos normales y terminaban siendo más molestos que imponentes.

En lo sonoro, el juego mantiene su esencia caótica con música metalera. Sin embargo, aquí también me llevé decepciones. Varias armas que no imponen el sonido que deberían transmitir; disparar un rifle o una escopeta debería sentirse poderoso, pero en muchos casos se sentían algo «blando».
En conjunto, el apartado audiovisual tiene buenos momentos, pero entre la falta de pulido, las animaciones incompletas y esos detalles que sacan de la inmersión, queda lejos de ser tan impresionante como prometían los tráilers.
Caos mal optimizado
Si algo me frustró de verdad fue la optimización. Puedo aguantar bug menor pero cuando en plena oleada el juego tiene altibajos de FPS, la experiencia se rompe por completo. Tuve tirones y caídas drásticas de rendimiento.
En lo artístico, Killing Floor 3 se siente como un sci-fi genérico. La estética futurista no está mal, pero al dejar atrás elementos icónicos como la clásica jeringa de curación, la sensación es que parte de la identidad de la saga se ha perdido. Hay momentos en los que sentí que estaba jugando una copia de Killing Floor, más que una evolución natural de la franquicia.

De aprendiz a Gran Sabio: lo que nadie te dice antes de jugar
Sinceramente, no hay mucho en la jugabilidad que pueda recomendar distinto a otros shooters: disparar siempre a la cabeza es clave, ya que al alcanzar cierto número de muertes de zombies el tiempo se ralentiza y recibes un buff de daño, haciendo que los enemigos se marquen en color rojo.
En cuanto a la elección de personaje, arma y habilidades pasivas, opté por el personaje predeterminado que ofrece el juego, ya que los demás no me convencían por sus armas o los dispositivos desplegables que manejaban.

¿Vale la pena Killing Floor 3?
Killing Floor 3 tiene una jugabilidad que sigue siendo divertida: matar zeds con amigos, experimentar con armas modificadas y disfrutar del caos puede ser muy satisfactorio. Hay momentos en los que me lo pasé realmente bien y recordé por qué me enganché tanto a esta saga en su día.
Pero por otro lado, el contenido limitado, la optimización deficiente y un modelo de monetización que no inspira confianza. Todo eso hace que este lanzamiento se sienta apresurado y falto de ambición.
Si eres fan de la saga, puede que encuentres motivos para darle una oportunidad, sobre todo si lo juegas en cooperativo. Pero si lo miras como un shooter cooperativo más, creo que es mejor esperar a que lo optimicen como corresponde o, al menos, a que aparezca en oferta.
Killing Floor 3 es una secuela decepcionante que prioriza tendencias de mercado por encima de lo que realmente hacía especial a la saga. Tiene potencial, como lo tuvo Killing Floor 2 en sus primeros meses, pero necesitará mucho trabajo y tiempo para alcanzar lo que prometió ser o rehacer algunas cosas del juego mismo y redimirse como lo está haciendo No Man Sky actualmente con contenido gratuito para el jugador y ofreciendo lo que realmente prometía en los trailers.


