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ROUTINE – Review: Cuestionar cada paso es sobrevivir

Routine
Routine es una historia sobre lo desconocido, la supervivencia y ese constante cuestionamiento de si estamos haciendo lo correcto o no.

Analizado en PC

Routine es una historia sobre lo desconocido, la supervivencia y ese constante cuestionamiento de si estamos haciendo lo correcto o no. Desarrollado por Lunar Software, se trata de un juego de ciencia ficción en primera persona con elementos de horror, que apuesta más por generar una atmósfera tensa y envolvente que por los sustos directos.

El juego tiene un estilo muy marcado por el retrofuturismo de los años 80, lo que le da una identidad visual única y reconocible. Esta estética refuerza la sensación de aislamiento y misterio, aumentando la tensión psicológica durante toda la experiencia. Routine no se basa en sobresaltos fáciles; el miedo surge de la incertidumbre, del entorno y de la constante sensación de peligro, invitando al jugador a avanzar con cuidado y a sumergirse de forma más reflexiva en su mundo inquietante.

Nos adentramos en el espacio, específicamente en una base lunar, rodeados de esa sensación liminal que para muchos resulta tan fascinante como aterradora. Lo desconocido, lo infinito, el silencio absoluto y al mismo tiempo, la belleza que puede surgir en medio de la nada. Routine combina todos estos elementos de manera muy particular, mostrando tanto lo extraordinario que puede ser el espacio como lo peligroso y aterrador que también puede resultar.

En este juego, la exploración y la supervivencia van de la mano. Cada detalle del entorno importa, y prestar atención a lo que te rodea es clave para poder avanzar. Desde los pasillos vacíos hasta los restos de los antiguos tripulantes, todo contribuye a sumergirte en la experiencia y mantener esa tensión constante.

Aunque Routine se presentó nuevamente en la Gamescom 2025, su desarrollo se remonta a más de 12 años, con múltiples rediseños hasta llegar a su versión final, lanzada oficialmente el 4 de diciembre en distintas plataformas. Recorrer la estación lunar, descubrir qué pasó con sus habitantes y enfrentarte a lo que se oculta en sus pasillos es una experiencia única, donde la curiosidad, la tensión y la belleza del entorno se combinan de manera envolvente.

Despertando en una base lunar

La historia comienza de forma simple pero efectiva. Despertamos en una pequeña habitación, completamente desorientados, rodeados de silencio y sin una explicación clara de lo que ocurre. Desde el inicio, Routine deja claro que no tomará al jugador de la mano. A medida que comenzamos a explorar, encontramos correos, informes y archivos dispersos que nos permiten reconstruir poco a poco lo que sucedió en la base.

Durante estos primeros minutos obtenemos una herramienta fundamental para todo el juego: el C.A.T. A través de un tutorial breve y bien integrado, aprendemos sus funciones básicas. Desde este punto, con una vista directa a la Luna, un ambiente vacío, sonidos lejanos y una sensación constante de aislamiento, empieza realmente la exploración.

A lo largo de la historia iremos recopilando documentos, audios y mensajes que revelan quiénes eran los residentes de la base, a qué se dedicaban y cómo la situación fue escalando hasta el punto en el que nos encontramos. Cada archivo aporta un pequeño detalle. No hay una narrativa tradicional ni explicaciones directas: todo se construye a partir de la observación y la atención al entorno.

En ese sentido, Routine recuerda bastante a Alien: Isolation, pero trasladando esa fórmula a una base lunar con una estética retrofuturista muy marcada. El silencio juega un papel clave, al igual que la ambientación como pasillos vacíos, espacios amplios, luces intermitentes y la sensación constante de que algo podría estar observándonos. Aunque muchas de estas ideas ya las hemos visto antes, Routine logra darles su propio enfoque, mezclando exploración, misterio y una narrativa fragmentada que se arma como un rompecabezas.

Gameplay

Desde el inicio contamos únicamente con el C.A.T., una herramienta que, aunque tiene la forma de un arma, no está diseñada para el combate directo. Su función principal es resolver problemas, interactuar con el entorno y permitirnos avanzar. A lo largo del juego podremos mejorarla y añadir distintos módulos que amplían sus capacidades.

Esta herramienta se convierte en la base de toda la experiencia jugable: abrir puertas, desbloquear sistemas, interactuar con terminales, guardar progreso y resolver puzzles depende casi por completo de ella. Cada mejora se siente útil y necesaria, y no está colocada al azar, sino pensada para integrarse de forma natural en el avance del juego.

Otro pilar importante del gameplay es el sigilo. La exploración se desarrolla en pasillos, habitaciones, áreas comerciales, estaciones y distintos sectores de la base, donde el sonido juega un rol fundamental. Cada paso, cada ruido y cada movimiento deben hacerse con cuidado. Girar una esquina sin prestar atención puede significar el final de la partida.

Entre las mejoras del C.A.T. encontramos, por ejemplo, una visión ultravioleta que permite detectar huellas, rastros y elementos ocultos que nos llevan a zonas clave o pistas importantes. También hay módulos que funcionan como llaves para ciertas puertas, descargas eléctricas para activar sistemas o incluso herramientas que nos dan tiempo para escapar en situaciones críticas.

El C.A.T. no solo funciona como herramienta, sino también como interfaz. Desde él podemos revisar tareas pendientes, códigos obtenidos, objetivos actuales y puntos de guardado, aunque para acceder a esta información necesitamos estar en ubicaciones específicas dentro del juego, lo que refuerza la sensación de vulnerabilidad.

¿Existe belleza en el silencio del espacio?

El silencio en Routine no es solo una mecánica, es parte central de la experiencia. A lo largo de gran parte del juego, el silencio puede sentirse incómodo, opresivo, pero también extrañamente calmante. Hay momentos en los que ese silencio se convierte en un refugio, un respiro antes de que los sonidos regresen.

Pisadas lejanas, metal arrastrándose, ruidos mecánicos y sonidos que no parecen pertenecer a ninguna máquina generan una tensión constante. Todo está pensado para que el jugador dude, se detenga y observe. Incluso detalles como luces parpadeantes, chispas o estructuras dañadas aportan a la atmósfera general.

Sountrack

El soundtrack acompaña muy bien la propuesta de Routine. No está presente todo el tiempo, pero cuando lo hace, lo hace con gran efecto: tonos melancólicos, momentos más intensos y pasajes que refuerzan la sensación de incertidumbre. La música no busca sobresalir, sino apoyar la narrativa y el estado emocional del jugador, logrando que cada descubrimiento y cada pasillo vacío se sientan más inmersivos.

Si bien el soundtrack puede no destacar en todo momento, se aprecia especialmente en ciertas partes del juego: en zonas que invitan a cuestionarse si todo está bien, durante descubrimientos clave o en lugares que realmente generan reflexión. Con melodías melancólicas e intrigantes, cargadas de misterio y desconcierto, la música logra sumergirnos en la tensión y la atmósfera del juego.

Aunque noté algunos pequeños fallos de sonido en momentos muy específicos como efectos que parecían no corresponder exactamente al lugar donde estaba el jugador, estos detalles no afectaron mi experiencia ni la jugabilidad solo lo noté al escuchar algo que no debería de estar ahí. En general, el apartado sonoro es uno de los puntos más sólidos del juego y con respecto al fallo es algo que pueden solucionar mas adelante, sin dudar, uno de los juegos que tiene un sountrack bastante acorde al misterio y reflexión del jugador

Apartado visual y diseño

Gráficamente, Routine cumple de muy buena manera. El diseño de niveles está cuidado al detalle y logra transmitir la sensación de estar realmente dentro de una instalación espacial. El uso de un filtro de granulado refuerza la idea de una grabación antigua, como si todo estuviera siendo registrado con tecnología de otra época, algo que encaja perfectamente con su estética retrofuturista.

La iluminación, los pasillos, las habitaciones y las zonas abiertas están pensadas para reforzar tanto la exploración como la tensión. Aunque algunos sectores pueden sentirse repetitivos ya que en varias ocasiones debemos volver por los mismos caminos, siempre hay pequeños cambios, nuevos detalles o situaciones distintas que mantienen el interés.

Cada efecto de luz o iluminación en ciertas áreas, especialmente en terrenos más amplios, incluso roza lo fotorrealista. Los detalles en armas, pantallas y efectos ultraviolentos que estas generan hacen que el entorno destaque aún más. Al mismo tiempo, las zonas más simples también logran atrapar gracias a una estética liminal y tensa, perfectamente acorde con la atmósfera del juego.

En cuanto a los enemigos, su diseño es humanoide y busca generar inquietud más que terror explícito. No son excesivamente aterradores, pero sí lo suficientemente amenazantes como para mantener al jugador alerta en todo momento. Aunque los enemigos que se muestran en los trailers representan solo una parte del juego, se aprecia el nivel de detalle en los androides, a pesar de su apariencia relativamente simple o tétrica. La cantidad de enemigos no es elevada, pero esto no resta mérito a la experiencia.

Durante mi experiencia encontré algunos errores visuales puntuales, como atravesar texturas o problemas menores de cámara en zonas específicas. No fueron constantes ni graves, pero son detalles que podrían pulirse en futuros parches.

El juego cuenta con textos completamente traducidos al español, lo que facilita mucho la comprensión de la historia. El audio, eso sí, se mantiene en inglés, algo que, lejos de ser un problema, ayuda a conservar la experiencia original planteada por los desarrolladores.

¿Vale la pena Routine?

En pocas palabras: sí. Routine es el resultado de más de 12 años de desarrollo, con cambios importantes a lo largo del tiempo, pero sin perder su esencia. Es una experiencia retrofuturista que invita a la exploración, al análisis y al cuestionamiento constante de nuestras decisiones.

No es un juego que busque asustar de forma directa, sino que construye una tensión psicológica basada en el ambiente, el sonido y la narrativa fragmentada. Cada capítulo te hace dudar si avanzar es realmente lo correcto, y esa sensación acompaña al jugador hasta el final.

Es uno de esos títulos que no guía, no explica y no simplifica. Depende completamente de tu atención al detalle y de tu curiosidad por entender qué ocurrió. Si te gusta el espacio, la exploración, la supervivencia y las historias que se arman poco a poco, Routine es una experiencia que vale totalmente la pena, idealmente adquirida en oferta, pero sin riesgo de decepción si conectas con su propuesta.

PROS

– Atmósfera tensa e inmersiva, con fuerte estilo retrofuturista
– Gameplay centrado en la reflexión
– Diseño visual cuidado, con iluminación y detalles que destacan
– Soundtrack melancólico e inquietante que refuerza la tensión
– Exploración y narrativa basada en el entorno y documentos, muy curiosa y envolvente

CONTRAS

– Errores visuales puntuales que podrán ser corregidas a futuro
– Requiere atención y paciencia; no guía al jugador

NOTA

9

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