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Nos Dicen Gamers

¿Quién es la mejor protagonista mujer de los videojuegos?

Lara Croft, de Tomb Raider, es la mejor protagonista humana mujer de los videojuegos: inteligencia, resistencia, liderazgo y legado cultural.

Cada 8 de marzo, cuando se conmemora el Día Internacional de la Mujer, siento que vale la pena detenerse un momento y mirar con más atención a esas figuras femeninas de la cultura popular que marcaron una época. Personajes que, con el paso del tiempo, lograron algo mucho más difícil que la simple fama: permanecer en la memoria colectiva por razones que van mucho más allá de lo superficial.

Para mí, una de esas figuras es Lara Croft. Y lo digo con total convicción: es la mejor protagonista femenina humana de los videojuegos.

Lo afirmo sabiendo perfectamente que existen muchos otros personajes femeninos valiosos, complejos, entrañables y memorables. No necesito minimizar a ninguna otra para defender a Lara. De hecho, es precisamente por esa diversidad de protagonistas destacadas que mi postura se vuelve más firme: aun entre tantas figuras importantes, Lara Croft sigue ocupando un lugar aparte.

No porque haya sido la única. No porque haya sido perfecta. Y mucho menos porque represente una única idea de lo que debe ser una mujer fuerte.

Lo sostengo porque, en mi opinión, reúne algo extremadamente difícil de encontrar en un solo personaje: presencia, inteligencia, temple, capacidad de adaptación, legado y, sobre todo, una evolución que pocas heroínas han logrado sostener durante tantos años dentro de la industria.

Cuando pienso en Lara Croft, curiosamente no pienso primero en pistolas, tumbas, ruinas o persecuciones. Pienso en una mujer que entra en escenarios hostiles y logra salir de ellos no por milagro, ni por un poder sobrenatural, ni por un destino escrito para favorecerla, sino por algo mucho más poderoso: su conocimiento, su capacidad para leer el entorno, su disciplina, su preparación mental y su resistencia frente al miedo.

Lara sigue siendo presentada como una arqueóloga y aventurera, y esa definición —aunque breve— me parece fundamental. Porque resume con bastante precisión la esencia de un personaje cuya herramienta principal nunca fue únicamente la fuerza, sino la mente.

Por qué Lara Croft me parece una protagonista superior

Siempre me ha parecido que el debate sobre protagonistas femeninas en los videojuegos suele caer en dos extremos. O se ensalza a un personaje únicamente por ser icónico, o se le exige una perfección casi imposible, como si una mujer en la ficción tuviera además la obligación de representar a todas. A Lara Croft le ha pasado exactamente eso durante años: ha sido admirada, criticada, reinterpretada, simplificada y, con el tiempo, recuperada bajo nuevas miradas. Y, aun así, sigue en pie. Para mí, ese solo hecho ya dice mucho sobre su lugar dentro de la historia del videojuego.

No la considero la mejor protagonista femenina de los videojuegos porque sea la más famosa, aunque sin duda es una de las más reconocibles. Tampoco porque su franquicia sea una de las más longevas, aunque el universo de Tomb Raider abarca títulos desde 1996 hasta hoy, con reediciones, colecciones y distintas etapas que han extendido su presencia durante décadas.

La considero la mejor porque su protagonismo se sostiene por sí mismo. No funciona como un reflejo de un héroe masculino anterior. No da la sensación de haber sido creada para cubrir una cuota ni para responder a una tendencia pasajera. Tiene identidad propia, un tono propio, una lógica propia; una forma particular de moverse por el mundo que no se siente prestada ni derivada de otros arquetipos.

Y eso, dentro de un medio como el videojuego —donde durante décadas muchas mujeres fueron relegadas a papeles secundarios, damiselas en apuros, intereses románticos o simples accesorios narrativos— es muchísimo.

Lara irrumpió en un espacio donde el protagonismo de acción estaba profundamente masculinizado. Lo hizo ocupando el centro de la aventura, apropiándose del peligro, de la exploración, de la toma de decisiones y del liderazgo. No como una excepción curiosa, sino como una protagonista completa dentro de su propio relato.

Por eso, cuando hablo de Lara Croft en el contexto del 8 de marzo, no lo hago como un simple gesto de nostalgia hacia una figura famosa. Lo hago como un reconocimiento a una protagonista que, de alguna manera, ayudó a ampliar el imaginario de lo que una mujer podía ser dentro del videojuego.

No la admiro por ser invencible; la admiro porque sabe sobrevivir

Hay algo que siempre me ha atraído más de Lara Croft que de muchos otros personajes: su capacidad de supervivencia no depende de una fantasía de omnipotencia. Sigue siendo, ante todo, humana.

Incluso cuando la saga —como cualquier videojuego de aventura— exagera ciertos riesgos o intensifica la acción, el atractivo del personaje nunca ha estado en la idea de que sea una semidiosa imposible de tocar. Su magnetismo nace de otro lugar: de verla pensar, calcular, improvisar, trepar, observar, resolver e insistir.

A mí siempre me han resultado más poderosos los personajes que sobreviven con recursos humanos que aquellos a quienes todo les sale bien porque el guion les concede habilidades casi divinas. Y por eso Lara me parece tan importante. Porque, en esencia, lo que la distingue es su forma de enfrentarse al mundo: entiende el espacio que recorre, aprende de la historia, descifra señales, interpreta símbolos, asume riesgos y toma decisiones bajo presión.

Es una protagonista cuya fortaleza no se agota en lo físico. De hecho, muchas veces su mayor arma es la combinación entre conocimiento y voluntad.

Ese detalle, para mí, la vuelve una figura femenina muchísimo más interesante que otras heroínas que dependen sobre todo de dones extraordinarios o capacidades inexplicables. Lara Croft, incluso en sus distintas versiones dentro de Tomb Raider, sigue transmitiendo la idea de una mujer que avanza porque estudia, porque comprende, porque se adapta; una mujer que cae, aprende y vuelve a levantarse.

Y ese tipo de resiliencia, al menos para mí, resulta mucho más admirable que cualquier representación de fortaleza invencible.

Ella no me inspira por ser perfecta, sino por ser persistente

No percibo a Lara Croft como una estatua. No la siento congelada en una sola versión de sí misma. La saga ha cambiado con el tiempo y el personaje también.

Dentro del catálogo oficial de Tomb Raider puede verse con claridad cómo la franquicia ha atravesado distintas etapas, incluyendo una línea moderna conocida como la Survivor Trilogy, construida precisamente alrededor de su proceso de convertirse en la saqueadora de tumbas que estaba destinada a ser.

Para mí, ese detalle es fundamental. Porque una gran protagonista no es solo la que funciona bien dentro de una escena icónica, sino la que posee suficiente densidad para transformarse sin desaparecer.

Lara ha sido reinterpretada, sí, pero no se ha disuelto. Su núcleo permanece. Su identidad resiste.

Y en un mundo que tantas veces exige a las mujeres una coherencia imposible —ser siempre fuertes, siempre correctas, siempre admirables, siempre impecables—, me parece especialmente potente que una figura como Lara conserve su estatura simbólica precisamente a través del cambio.

No necesito que una protagonista me resulte perfecta para admirarla. De hecho, me interesan más los personajes que muestran desgaste, miedo, rabia, incertidumbre o contradicciones. La perfección suele ser fría; la persistencia, en cambio, es profundamente humana.

Y si algo me transmite Lara Croft es precisamente eso: humanidad en movimiento. La sensación de que seguir adelante no siempre nace de la ausencia de temor, sino de la decisión de no dejarse vencer por él.

Lo que la hace grande es que su inteligencia nunca adorna: siempre actúa

Hay personajes cuya inteligencia existe solo en los diálogos. Se nos dice que son brillantes, pero rara vez vemos esa brillantez convertida en acción. Con Lara Croft ocurre lo contrario. En ella, la inteligencia no es decorativa. No está allí para que la historia suene sofisticada. Está integrada en la manera en que se relaciona con el mundo y el gameplay.

Eso me parece esencial. Lara observa. Compara. Interpreta. Une piezas. Reconoce patrones. Entiende que sobrevivir no consiste únicamente en correr más rápido o golpear más fuerte, sino en saber dónde se está, qué ocurrió antes en ese lugar, qué peligros esconde una estructura, qué significado tienen ciertos símbolos, qué error no debe repetirse.

Y aquí está una de las claves por las que yo la considero la mejor protagonista mujer de los videojuegos: porque encarna una forma de heroísmo basada en la competencia real. No hablo de “realismo” en el sentido estricto y literal de que todo en la saga sea posible tal como aparece en pantalla. Hablo de otra clase de realismo, el que importa en la construcción de personaje: el de una mujer cuya autoridad no nace de la propaganda, sino de la evidencia de que sabe lo que hace.

Una mujer que ocupa el riesgo

Hay algo en Lara que siempre me ha fascinado: no espera validación para entrar en el peligro. No aguarda a que otro personaje le abra la puerta del protagonismo. No necesita que la historia justifique de manera paternalista por qué una mujer está allí. Está allí porque puede estar. Porque quiere estar. Porque decide estar.

Ese detalle tiene un peso enorme. Incluso hoy, cuando existen muchas más protagonistas femeninas que antes, sigue siendo importante reconocer a los personajes que ayudaron a naturalizar la presencia de una mujer en el centro de la aventura. Lara no entra a la historia como excepción débil ni como anomalía tolerada. Entra como eje. Y eso, aunque hoy parezca más habitual, no siempre lo fue.

Valoro muchísimo esa autonomía. La valoro porque transforma la mirada del jugador. La aventura deja de ser un espacio reservado para la masculinidad y se convierte en un territorio abierto. El conocimiento histórico, la exploración, el enfrentamiento con lo desconocido, la soledad frente al entorno y la toma de decisiones extremas dejan de pertenecer a un molde masculino por defecto. Con Lara, todo eso también lleva nombre de mujer.

Lara Croft y el 8M: por qué sigo creyendo que su figura importa

El 8 de marzo me interesa como un momento para pensar qué figuras realmente abrieron espacio, cuáles resistieron el tiempo y cuáles siguen invitándonos a discutir cómo se escribe a una mujer fuerte sin volverla un cliché.

En ese sentido, Lara Croft sigue siendo una figura relevante. No porque sea la respuesta final a la representación femenina en los videojuegos. No lo es. Ningún personaje debería cargar con esa tarea totalizadora. Pero sí porque representa un punto de inflexión. Un momento en el que una mujer dejó de estar al margen de la aventura y se convirtió en su motor.

Naciones Unidas (s.f.) recuerda que el 8 de marzo es una jornada de reivindicación ligada a los derechos, la igualdad y la justicia para las mujeres y las niñas. Desde ese marco, para mí tiene sentido volver sobre personajes como Lara Croft no como productos aislados del mercado, sino como signos culturales que participaron, con sus virtudes y sus tensiones, en la ampliación de referentes femeninos visibles.

A mí me importa eso porque crecimos rodeados de ficciones que muchas veces nos decían, de manera explícita o sutil, que el riesgo, el mando y la aventura pertenecían a los hombres. Lara ayudó a disputar esa narrativa. Lo hizo con contradicciones, sí. Lo hizo atravesando lecturas distintas según la época, también. Pero lo hizo. Y por eso me parece justo reivindicarla hoy.

El error fue no darle el peso correspondiente al personaje

A veces siento que hablar de Lara Croft se vuelve incómodo para algunas personas porque su imagen fue reducida durante años a una lectura estética superficial. Pero ahí precisamente está el error: confundir la recepción simplificada de un personaje con todo lo que el personaje realmente puede significar.

Ella es un personaje que sostiene una aventura porque tiene voluntad, conocimiento y temple. Como una mujer que no es valiosa por estar acompañando a nadie, sino por conducir la historia. Como una figura cuya presencia cultural no se explica solo por el marketing, sino por la enorme potencia simbólica de verla ocupando lugares que durante mucho tiempo parecían vedados.

Para mí, una gran protagonista femenina no es la que encaja dócilmente en las expectativas contemporáneas del discurso correcto, sino la que deja marca, genera conversación, resiste revisiones y sigue provocando lecturas con el paso de los años. Lara hace todo eso. De hecho, el mero hecho de que aún hoy siga siendo materia de debate demuestra que no fue un personaje menor ni una moda pasajera.

Lara Croft me parece más completa porque combina dureza, curiosidad y vulnerabilidad

Hay una clase de personaje fuerte que siento muy rígido: aquel que nunca se equivoca, nunca duda, nunca se rompe, nunca se conmueve y nunca paga el costo de lo que vive. A mí eso no me impresiona; me distancia. En cambio, me interesan los personajes en los que la fortaleza convive con la fragilidad, la seguridad con el miedo, la decisión con la herida.

Ella, al menos en sus mejores momentos, me ofrece justamente eso. Es dura, sí. Resiste, sí. Pero también carga el desgaste del camino, conoce el aislamiento, se enfrenta a escenarios que no domina por completo y tiene que aprender. Y esa mezcla, para mí, la vuelve más verosímil emocionalmente que muchas heroínas o héroes blindados por completo.

Además, no se define solamente por el combate. Esa es otra gran diferencia. Está atravesada por la curiosidad, por la búsqueda, por la relación con el pasado, por el deseo de comprender. No solo avanza para vencer enemigos; avanza para descubrir, para descifrar, para llegar al fondo de algo. Esa dimensión intelectual enriquece muchísimo su figura.

El legado de Lara Croft

En este 8M, yo no quiero recordarla como una imagen congelada en el tiempo, sino como una protagonista que ayudó a abrir camino y que, además, supo sostenerse cuando muchas otras figuras desaparecieron. La franquicia de Tomb Raider la mantiene como su centro desde 1996, y eso no se logra solo con fama: se logra porque el personaje tiene una fuerza narrativa que no se agota.

Representa algo muy concreto: la mujer que entra en territorios hostiles con la cabeza en alto, con miedo pero sin rendirse, con preparación en lugar de magia, con criterio en lugar de pose, con determinación en lugar de dependencia. Y esa combinación, en el mundo de los videojuegos, sigue siendo extraordinaria.

Para mí, Lara Croft sigue siendo la mejor. Y no porque sea intocable, sino porque ha demostrado, una y otra vez, que los grandes personajes no solo sobreviven al paso del tiempo: lo desafían.

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Hakujin

Gamer, Escritor de artículos y Analista de videojuegos. Los videojuegos no solo son escape; son un espejo que te muestra quién eres cuando el mundo deja de mirar.