Analizado en PC
Con una ambientación nórdica y mágica, Myrkur Games nos presenta Echoes of the End, una aventura fantástica donde la magia, reservada solo para unos pocos, va envolviendo poco a poco al jugador en su mundo. Desde las primeras horas es inevitable notar similitudes con franquicias como God of War (2018) o incluso con las mecánicas de la saga Tomb Raider. Esto no es necesariamente negativo, pero sí deja claro que el juego se inspira en dichos referentes, incorporando la magia como un elemento esencial que define toda la experiencia.
Tras completar la campaña en poco más de 12 horas —recorriendo paisajes deslumbrantes y disfrutando de una jugabilidad pulida, aunque desafiante en ciertos tramos— puedo contarte qué me pareció y si realmente está a la altura de otros grandes títulos de aventura.
Un vestigio con una magia inestable
La historia comienza presentándonos a dos hermanos, y nosotros asumimos el papel de Ryn, un vestigio con la habilidad de manipular magia ancestral. Al inicio, Ryn todavía no controla este poder y teme herir a los demás, aunque poco a poco irá dominándolo conforme avanza su viaje.
En las primeras horas, su hermano es secuestrado para servir como guía de un imperio decidido a destruir las fuentes de energía ancestral. A partir de este momento arranca nuestra aventura: rescatarlo y enfrentarnos a una fuerza que amenaza con consumirlo todo. En el camino no estaremos solos, ya que conoceremos a Abram, un explorador atormentado que se une a nuestra travesía por tierras diversas, compartiendo el mismo objetivo: detener al imperio.

Desde el comienzo, el juego se encarga de mostrarnos quiénes son los hermanos, cuál es el don de Ryn y cómo, poco a poco, va aprendiendo a dominarlo mientras atraviesa momentos de duda, miedo y crecimiento.
En la parte narrativa contamos con abundante información sobre el mundo que exploramos, como documentos que enriquecen la experiencia, relatos de nuestro hermano al inicio y, más adelante, de Abram, quien se convierte en nuestro acompañante principal. Estos diálogos constantes añaden contexto, ya sea sobre lo que vamos descubriendo, sobre la propia historia o al resolver acertijos. Gracias a ello, la aventura no se siente vacía ni reducida a una simple exploración, sino que ofrece detalles que nos conectan con el entorno y con los personajes.

Durante nuestra travesía recorreremos varios escenarios, cada uno con su propia historia y misterios. Abram, como explorador y conocedor de este mundo, suele relatarnos el origen y significado de los lugares, haciendo que la experiencia gane en riqueza y que el trasfondo cobre vida.
Además, el juego introduce pequeños momentos de interacción en ciertas partes; por ejemplo, podemos responder preguntas o dialogar con nuestro acompañante. Si bien estas elecciones no alteran el curso principal de la trama, sí aportan una sensación de participación y refuerzan la conexión con los personajes.
El arco argumental, aunque comienza un tanto confuso por la cantidad de información que se nos brinda, poco a poco se va aclarando a medida que conocemos más sobre Ryn, su pasado y su vínculo con Abram. Esto termina reforzando la narración y construyendo una historia consistente, rica y llena de matices.
Jugabilidad bastante cuidada
La jugabilidad de Echoes of the End está bastante cuidada, teniendo como eje central los combates. Al inicio contamos con movimientos básicos, como ataques ligeros y pesados, que podemos combinar para infligir un mayor daño. A esto se suma la mecánica de esquivar y cubrirse para evitar ataques.
En mi experiencia, la opción de cubrirse no resultó tan útil como la de esquivar, ya que esta última era más rápida y efectiva al reaccionar después de atacar. De esta manera lograba evitar daños sin quedar expuesto.

Otra parte esencial del combate es el uso de la magia. Ryn, al ser un vestigio, dispone de habilidades especiales: atraer o repeler enemigos, hacer que choquen entre sí o lanzar destellos de energía. Todas estas técnicas consumen maná, con un costo que varía según la habilidad utilizada y que, además, podemos mejorar a lo largo de la aventura.

Dentro de las primeras horas desbloqueamos una de las habilidades más útiles, sobre todo contra jefes: el robo de vitalidad. Esta técnica nos permite absorber vida de enemigos comunes o incluso de jefes, dañándolos al mismo tiempo. A diferencia de otras magias, no consume maná, sino que utiliza una barra especial de vitalidad.
Se trata de una mecánica que ofrece un respiro en combates difíciles y que, al igual que el resto, puede mejorarse dentro del árbol de habilidades.

El acompañante también juega un papel clave. Al inicio contamos con nuestro hermano, pero luego su lugar lo ocupa Abram, quien se convierte en nuestro apoyo principal. Él puede aturdir a los enemigos, algo muy útil cuando se preparan para ejecutar un golpe crítico (marcado con un destello rojo), y además participa de manera pasiva en los enfrentamientos, atacando constantemente.
Sus intervenciones resultan de gran ayuda en batallas contra varios enemigos y, conforme lo mejoramos, puede ejecutar ataques en área o facilitar remates sin necesidad de que los rivales tengan la vida tan reducida.

Otra adición interesante es el golpe final, un remate que puede ejecutarse con ataques físicos, mágicos o con la ayuda del compañero. Estos remates incluyen pequeñas secuencias animadas que varían según el enemigo, aportando dinamismo a los combates.
El progreso se refuerza con un árbol de habilidades dividido en cuatro ramas:
- Combos físicos y mágicos: mezclan ataques básicos con magia y permiten recuperar maná o vitalidad
- Magia ofensiva: potencia las habilidades ya adquiridas o desbloquea nuevos movimientos
- Defensa y robo de vida: enfocado en aumentar la barra de salud, mejorar la regeneración o añadir efectos de área mientras usamos la absorción de vitalidad
- Mejoras del acompañante: añaden nuevas funciones para Abram, como aturdimientos en área o remates más sencillos
Este sistema permite personalizar el estilo de combate y adaptarlo según las preferencias del jugador.

Además de las mejoras obtenidas en el árbol de habilidades, el juego introduce nuevos movimientos a lo largo de la historia. El robo de vida, por ejemplo, se desbloquea en una secuencia clave, y más adelante aprendemos a usar magia para manipular objetos, activar mecanismos o impulsarnos para alcanzar zonas más lejanas. Incluso obtenemos una daga con función de gancho, que resulta esencial tanto en los combates como en la exploración.
Puzzles y exploración
Un punto fuerte del juego son los puzzles, que aparecen constantemente durante la aventura. Algunos son sencillos y otros más complejos: desde abrir puertas con magia hasta manipular estructuras, jugar con ilusiones o utilizar el gancho en secuencias de acantilados. Lo mejor es que no se repiten, ya que siempre introducen nuevas mecánicas que mantienen fresco el desafío.

En muchos de estos acertijos el acompañante también participa, brindando ayuda activa. Además, si en algún momento un puzzle se complica demasiado, contamos con un sistema de pistas que ofrece pequeños comentarios de Ryn o Abram, los cuales nos orientan sin arruinar la solución.
La exploración también está incentivada: en algunos casos podemos encontrar documentos que amplían la historia, así como cofres que contienen piedras para aumentar la vida o el maná. Estos detalles hacen que recorrer cada rincón valga la pena.

Enemigos y jefes
En cuanto a los enemigos, cada región presenta criaturas acordes a su ecosistema, como lagartos, soldados del imperio o caracoles de lava, entre otros. Esto aporta coherencia al mundo, aunque la variedad resulta algo limitada. Por cada territorio suele haber solo tres tipos de enemigos, diferenciados por variantes elementales (como fuego o rayos).
Si bien su diseño es consistente, se echa en falta una mayor diversidad para evitar que lleguen a sentirse repetitivos.

Los jefes, en cambio, son uno de los grandes aciertos. Cada uno aporta un nivel de dificultad que recuerda a los Souls, obligándonos a aprender sus patrones y adaptarnos. Sus ataques evolucionan a medida que pierden vida, y derrotarlos genera una auténtica sensación de logro.
Además, hay suficientes batallas de este tipo para que cada región resulte memorable, evitando que el juego se sienta monótono.

Un juego cinematográfico
El juego tiene un aire completamente cinematográfico, comenzando por los paisajes, especialmente aquellos que se muestran de fondo. Según lo que leí, están inspirados en Islandia, y eso se refleja en la majestuosidad de sus terrenos. Las montañas inmensas, los mares en el horizonte y los entornos naturales hacen que, en muchas peleas, uno sienta que está dentro de una película más que en un videojuego.

En los escenarios con los que interactuamos directamente, el nivel de detalle se mantiene: reflejos bien trabajados, sombras, vegetación y estructuras caídas que aportan realismo. Sin embargo, también encontré algunos bugs visuales, como ocasiones en las que mi personaje atravesaba el suelo o efectos de sombras que no se renderizaban correctamente.
Aunque son pocos y no arruinan la experiencia, sí llaman la atención en contraste con lo cuidado que está el resto.


En cuanto a la calidad de animación y personajes, las cinemáticas son donde mejor se aprecian los detalles en el cabello, los gestos y el diseño de los rostros. No obstante, durante el gameplay algunas animaciones se sienten rígidas. Por ejemplo, Ryn, la protagonista, a veces parecía un poco tosca en movimientos como los saltos o en las secciones con cambios de gravedad.
Esto no arruina la jugabilidad, pero sí le resta impacto a la experiencia cinematográfica que el título busca transmitir.

Los enemigos, por otro lado, están mucho mejor logrados. Sus animaciones se ven fluidas y los detalles en sus armas, habilidades y, sobre todo, en los jefes, aportan espectacularidad a cada enfrentamiento. Las partículas, los efectos mágicos y los elementos que dominan hacen que cada batalla se sienta intensa y visualmente atractiva.
En cuanto al rendimiento, el juego está bien optimizado. En mi caso, corrió entre 80 y 100 FPS, dependiendo de la zona, configurando los gráficos en calidad media y usando DLSS. Al probar en calidad alta o ultra, no noté una mejora tan significativa en lo visual como para justificar la pérdida de rendimiento, ya que los FPS bajaban hasta 40. Seguramente en PCs más actuales se pueda disfrutar sin problemas en esas configuraciones.
Con mi equipo (RTX 3060 Ti y un i7 de décima generación), solo experimenté bajones hasta 60 FPS en áreas con demasiados enemigos, pero nada que arruinara la experiencia.

La música en segundo plano
La música cumple su función, acompañando momentos importantes como los enfrentamientos o el descubrimiento de nuevas tierras. Sin embargo, no es algo que se quede grabado; más bien pasa desapercibida y queda en un segundo plano. En las batallas, por ejemplo, apenas se percibe, salvo en los combates contra jefes o en ciertas cinemáticas.
En cambio, los efectos de sonido están muy bien logrados: el golpe de la espada, la activación de la magia o los ruidos de los enemigos se sienten claros y sin fallos notables. No llegan a innovar demasiado, pero cumplen con lo esperado para reforzar la atmósfera del juego.

¿Vale la pena Echoes of the End?
El juego cumple con las expectativas, sobre todo en lo visual, siendo su principal atractivo la calidad gráfica. Los paisajes, los entornos y cada detalle del mundo están muy bien logrados y transmiten esa sensación de grandeza que busca el juego.
En cuanto a la jugabilidad, se siente fluida y bastante sólida. Con la configuración gráfica que usé, apenas noté cambios entre calidad media y alta, y los FPS se mantuvieron estables, salvo en escenas donde había demasiados enemigos al mismo tiempo, aunque estos bajones fueron pocos y no afectaron realmente mi experiencia.
Las mecánicas de combate, combinadas con el uso de la magia, le dan un toque especial a cada enfrentamiento. Los combates contra jefes, en particular, destacan por su espectacularidad y por cómo te obligan a administrar bien tus ataques y habilidades. Sin embargo, los enemigos comunes no tienen la misma fuerza, si bien están bien diseñados visualmente, carecen de variedad. Gran parte de la aventura se siente repetitiva en este aspecto, ya que te enfrentas a los mismos tipos de enemigos una y otra vez, con cambios mínimos entre ellos.
En general, es un título que luce increíble y que ofrece momentos memorables, pero que también arrastra algunos detalles que podrían haberse trabajado más para alcanzar un nivel aún mayor.


