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Nos Dicen Gamers

Dying Light: The Beast – Review: No lo pienses mucho, solo disfrútalo

Un DLC convertido en un juego completo, Dying Light: The Beast sorprende y gusta, aunque la historia no te vaya a volar la cabeza.

Analizado en PC

Lo que nació como una expansión para Dying Light 2 se convirtió eventualmente en un juego completo de la mano ambiciosa de Techland. Dying Light: The Beast es el cierre del arco narrativo del primer protagonista de la franquicia: Kyle Crane.

Armado ahora con un ADN monstruoso y con una sed de venganza desmedida, The Beast es un juego que, si bien no descubre el fuego ni la pólvora, te permite disfrutar de una experiencia aterradoramente entretenida.

¿Historia? ¿Para qué?

Empecemos de arranque con lo que menos me gustó de The Beast, y que es el talón de Aquiles de la saga: la historia.

En este juego vivimos en carne propia la tortura perpetrada por el Barón, un personaje con oscuras intenciones que ha tenido a Kyle Crane encerrado por años en un laboratorio de experimentación, totalmente aislado del mundo y con la mente y el cuerpo a punto de desvanecerse. Es esta prisión el hogar de Crane desde que concluyó el primer Dying Light, y ahora es tiempo de escapar.

Un par de eventos que agarran desprevenidos a los “malos” es suficiente para que podamos ver la luz del sol luego de 13 años de tortura. Estamos fuera al fin, y es hora de cobrar venganza de nuestro captor, no sin antes quemar todo en nuestro paso y levantar a los sobrevivientes en una revolución.

Si piensas que esta historia la has visto un centenar de veces, es porque tienes toda la razón. ¡Qué cuento para más trillado! Que sí, Kyle, que te han hecho mitad hombre y mitad monstruo, que te han despojado de lo que te hace ser humano, que te han hecho mirar la más miserable decadencia de un mundo postapocalíptico… ¿pero de verdad es necesario tanto cliché para avanzar la trama?

En todo momento me sentí como un hámster buscando comida. Del punto A al punto B y luego al C. Uno que otro giro por aquí, una escena interesante como cereza del pastel, pero más allá de eso, The Beast no va a cautivar a aquellos fanáticos del género de horror a nivel narrativo.

En particular, me parece que el personaje de Kyle Crane es un pelele. ¡Qué fácil es convencerte de hacer cosas, Kyle! Si vas a dar tus objeciones a lo que te piden hacer solo para que otro personaje te haga cambiar de parecer con un par de líneas de diálogo, entonces, ¿cómo quieres que me involucre emocionalmente en tu misión si no eres más que una tabula rasa?

Pero, ¿para qué me molesto tanto en un aspecto como la historia y sus giros si esto se trata de reventar zombies con hachazos y martillos?

Sangre y tripas, como debe ser

Y es que si dejo pasar la evidente floja y casi caricaturesca historia de Dying Light: The Beast, tengo en frente de mí a un juego que es diversión pura, lleno de gore, acción y parkour como los dioses del gaming mandan.

Empecemos con lo que más te gusta, lector de Nos Dicen Gamers: machucar botones y ver a tus no vivos estando menos vivos. El combate en The Beast es una delicia para los amantes del horror zombie.

Ya sea con hachas, machetes, martillos, entre otros, los zombies reaccionan a cada uno de tus golpes con un nivel de gore que estoy seguro de que hasta al más reacio al horror corporal harán voltear la mirada. ¡Hasta las mismas armas de fuego se vuelven aburridas frente a la satisfacción del cuerpo a cuerpo!

Puedes dirigir tus ataques a los puntos clave de tus enemigos y sus cuerpos reaccionarán de acuerdo. Puedes cortar cabezas, brazos, piernas, hacerse un terrible Nerón y destripar a unos cuantos caminantes…tú eliges. ¡Y elegir es lo importante! El juego te responde tan bien a tus ataques que apuntar tus armas de cuerpo a cuerpo a las diferentes áreas del cuerpo de tus enemigos se convierte en una estrategia de supervivencia.

Y hablando de supervivencia, pues prepárate para lo que es bueno.

Visita todo si quieres vivir

The Beast es un juego que te invita a explorar cada rincón de Castor Woods, de modo que cada tienda abandonada, cada hueco que encuentres en los edificios o cada cueva maldita se transforme en un reto para los aguerridos del terror, pero un objetivo más que cumplir para los obsesivos del orden y de la completación.

Pero claro, visitar cada rincón del mundo no es solo para complacer a tu TOC, sino que además es necesario para seguir vivo. Tus armas se van a gastar, tu vida va a disminuir y los zombies no van a dejar de venir tras de ti.

¿Cómo combates esto? Pues con recursos y coleccionables. Los primeros los usarás para fabricar consumibles y reparar o mejorar armas, mientras que los segundos los venderás para poder costearte armas y equipamiento más fuertes y resistentes. Y créeme que lo vas a necesitar.

Atravesar el mundo

¿Pero qué hacer cuando se te acabó tu última bala, tu última arma, incluso tu última venda? Pues correr, claramente. Pero más que correr, esta vez te tocará saltar, escalar y llevar a cabo un escape sorpresivamente vertical que volverá locos a los amantes del parkour.

Y esta verticalidad la necesitarás más que nunca, ya que las noches vuelven más terroríficas que nunca (en el buen sentido) a Dying Light. De día el mundo es ligeramente afrontable, pero cuando se pone el sol, las criaturas que habitan Castor Woods se hacen tenebrosas, espeluznantes, a la vez que se hacen más peligrosas y fuertes. Por ende, saber cuándo prender la luz, cuándo pelear y cuándo huir despavorido, usando el parkour como tu método de escape, será vital.

Si bien es cierto, el juego brilla cuando estás haciéndote paso por las hordas de zombies, el parkour te hace sentir como dueño total del espacio que el juego te proporciona. Eso sí, no esperes un movimiento tan fluido como en Mirror’s Edge. Kyle Crane es, más bien, un personaje atlético, pero a la vez pesado.

Atravesar el mundo también será posible por medio de los autos que encuentres en el camino. Estos no solo te harán llegar más rápido a tu destino (será necesario ya que no hay viaje rápido), sino que, además, serán tu fortaleza mecánica contra los zombies. Eso sí, estos mismos pueden destruir los vehículos, y estos pueden gastar tu combustible, por lo que úsalos de forma estratégica cuando sean necesarios.

Hacerte más fuerte, y más bestia

Ya había dicho que nuestro personaje es mitad hombre y mitad monstruo. Pues esto se hace evidente cuando entras en el modo Bestia. Una vez que hayas golpeado suficientes zombies (o ellos te hayan golpeado y mordido a ti), una barra roja se llenará, desencadenando el modo bestia. Es la Furia Espartana de God of War, pero mucho más visceral y gore. Adiós a las armas, bienvenidas sean nuestras propias manos que podrán atravesar y decapitar enemigos sin producir una sola gota de sudor.

Eso sí, de arranque no podrás controlar tanto a tu Modo Bestia. ¿Cómo podrás mejorarlo? Pues con puntos de habilidades específicos, lo cual nos trae al tema de la progresión.

Matar zombies, completar misiones y explorar el mundo hará que subas de nivel por medio de los puntos de experiencia. Estos se podrán utilizar para poder mejorar tus habilidades de combate, parkour y sigilo.

Un nuevo árbol de habilidades, el correspondiente al modo Bestia, sin embargo, solo se puede mejorar al derrotar a las Quimeras. Estos son zombies monstruosos y deformes que presentan habilidades únicas que te harán temer por tu vida y a la vez subirte la adrenalina para poder darles el cuchillazo final. Eso sí, me hubiera gustado ver más variedad en estas Quimeras, que luego van apareciendo en el mundo abierto y ya no como batallas de jefe, por lo que lo repetitivo podrá llevarte a la locura o el cansancio.

Debo decir que subir de nivel se me hace un poco largo, puesto que ir por el mundo matando zombies es más bien un gusto personal en lugar de una tarea de farmeo. Por eso, explorar el mundo y completar misiones secundarias y primarias va a ser la mejor manera de hacerte más fuerte y habilidoso.

Y si por alguna razón te encuentras estancado, el juego soporta hasta cuatro jugadores en cooperativo, por lo que en cualquier momento puedes reclutar la ayuda de tus compas.

Optimización que da gusto (¿Susto?)

El mundo está lleno de lugares escalofriantemente hermosos, con una ambientación que te permite sumergirte en lo que alguna vez fue un parque turístico bello, lamentablemente llevado a la más terrible devastación, acompañado de música y efectos de sonido que te mantendrán al borde del asiento.

Eso sí, no esperes unos gráficos como los de Death Stranding 2: On the Beach, el juego se ve un poco añejo, pero no es nada de lo que pueda quejarme: se ve bien, y ya.

Quizás sea por eso que el juego corre bastante bien. Claro, no todo el mundo tiene el lujo de poder correrlo en una 4090, pero parece ser que los benchmarks demuestran que este juego está muy bien optimizado. En mi caso, 60 cuadros estables en 4K son más que suficientes.

¿Vale la pena Dying Light: The Beast?

Por lo general yo no soy un gran fan de los juegos de terror. No porque me parezca un género inferior, sino que prefiero mi terror en el papel, donde no hay jump scares baratos que, en mi opinión, son una plaga en el mundo audiovisual. Sin embargo, Dying Light: The Beast me ha sorprendido gratamente con una jugabilidad fresca, frenética y horripilante, de la mejor manera posible.

No esperes el siguiente Ciudadano Kane en cuestión de historia, The Beast te va a decepcionar si esperas un juego que te impacte a nivel narrativo. Pero, ¿de verdad eso importa si es que blandir el hacha y descuartizar muertos vivientes es lo más entretenido del mundo? Pues no mucho, por ende, siéntete libre de probar este juego, incluso si no has tenido la oportunidad de jugar los juegos anteriores. Aunque no reinvente la rueda, este juego se para por sí mismo y lo hace muy bien.

PROS

– Un combate horripilantemente atrapante
– El parkour es libre, vertical y con mucha libertad
– El modo Bestia convierte al juego en un frenesí de gore
– Un juego muy bien optimizado

CONTRAS

– La historia no es nada innovadora y cae en los clichés
– La progresión de niveles puede sentirse lenta por momentos
– Gráficamente no es nada revolucionario

NOTA

8.5

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