Contrario a la tendencia, siempre me mantuve como un fan acérrimo de Diablo IV. Cientos de horas farmeando armaduras y armas únicas han sido mi pan de cada día desde aquel lejano 2023, convirtiendo al ARPG de Blizzard Entertainment en uno de mis gustos casi culposos, especialmente en los momentos en que no le fue tan bien.
Vessel of Hatred, en su momento, no conectó del todo conmigo. Pese a que Nahantu me encantó y la Ciudadela Oscura fue protagonista de los runs más memorables que he tenido en el endgame, la historia no fue de mi total agrado. Fue, para mí, una expansión, al menos en lo narrativo, de transición. Y si bien toda segunda parte lo es técnicamente, faltó ese “Yo soy tu padre” para convencerme de que lo que experimentaba era “cine” (o bueno, en este caso, “videojuego”).
Luego se anunció Lord of Hatred, Mefisto estaba en el Santuario y estaba dispuesto a destruirlo todo como una afrenta a la rebeldía de su hija, Lilith, la cual es Madre y creadora de la humanidad. Medianamente escéptico, pensé que mi sensación al jugarlo sería similar a la que tuve con Vessel. Y pues, vaya que me equivoqué. Ahora te cuento el porqué.
Cerrando con broche de oro (y fuego)

Ya que la historia es lo mío, hablemos de la campaña de Lord of Hatred. Mefisto está en Santuario y ha tomado la forma de Akarat, el otrora profeta convertido en espíritu ahora convertido en un disfraz. El Viajero debe, entonces, prevenir el fin del mundo al evitar que el engaño del Señor del Odio termine por consumir a los habitantes de Skovos, la nueva isla y zona en Lord of Hatred.
Del saque, debo advertir que la historia es algo predecible. Vamos, así ha sido esta entrega desde su salida. Pero que algo sea predecible no lo hace necesariamente malo, en cuanto sea bien ejecutado. En el caso de la campaña de Lord of Hatred, esto es así.
No puedo decir mucho sin tirarme un terrible spoiler, pero sí puedo decir que la historia tuvo varios momentos que me dejaron helado y en shock. Es más, Lord of Hatred logró que me emocionara hasta las lágrimas, algo impensable para un juego tan nihilista como es Diablo IV. La historia cierra bien, de forma efectiva, y trae consigo momentos que se te quedarán contigo para siempre.
Controlando a las fuerzas infernales

Hablemos ahora del contenido nuevo y de los cambios más importantes que trae la expansión. Para empezar, uno de los mayores atractivos de Lord of Hatred son las dos clases nuevas a tu disposición: el Brujo y el Paladín. De este último ya he hablado en mis impresiones, pero déjame que hable brevemente del primero, el cual se ha vuelto mi favorito.
El Brujo, o Warlock en inglés, es un conjurador de demonios. En otras palabras, se encarga de dominar y esclavizar a las fuerzas infernales para utilizarlas contra las fuerzas de Mefisto. Es como un Nigromante demoníaco, pero mucho más espectacular, vistoso y agresivo, ya que los demonios no serán un ejército que controle sino los medios para realizar tus ataques. Altamente explosivo, jugar con el Brujo es una experiencia muy gratificante, en especial porque cada una de sus variaciones, como la forma demoníaca, se vuelve un ticket directo al farmeo sin soltar una gota de sudor.
Cambios y nuevas mecánicas

Y como si fuese un anillo al dedo, el Brujo, así como todas las otras clases, se nutre de un árbol de habilidades totalmente reformulado. Cada habilidad principal ahora puede ser modificada por varias opciones, una más letal que la siguiente. Por consecuencia, las construcciones se convierten en verdaderas locuras, incrementando la variedad y facilitando la experimentación. Eso sí, eso de invertir 15 puntos en tus habilidades se me hace un poco cansino, pero es un detalle menor en comparación con lo demás que se ofrece.
A la vez, Lord of Hatred trae consigo nuevas mecánicas. El Talismán, por ejemplo, proporciona un set de Sellos y Encantos que servirán para personalizar aún más el poder de las construcciones. Luego, el Cubo Horádrico hace su regreso, el cual permite modificar grandemente los objetos que poseemos. Esto puede tornarse complicado, pero las recompensas pueden valer la pena, estando entre sus posibilidades la creación de objetos únicos.
El bendito endgame

El endgame, mientras tanto, sufre un cambio brutal con la introducción de los Planes de Guerra. Esta mecánica nos permite marcar un plan de batalla a través de las diferentes actividades endgame, como las Hordas Infernales, las Mareas Infernales e incluso los Jefes Atormentados.
Completar estas actividades en sucesión (algo que se hace bastante rápido ya que el juego te teletransporta) te recompensará con valiosos premios e incluso puntos para modificarlas. Combinado con Echoing Hatred, el nuevo modo que te lanzará enemigos hasta que te mueras, entonces tenemos una experiencia altamente entretenida. Repetitiva, quizás, pero que te mantiene al borde del asiento.
¿Vale la pena Diablo IV: Lord of Hatred?

Diablo IV: Lord of Hatred es todo lo que quería de Diablo y hasta un poco más. Me rompe el corazón, en parte, ver la historia concluida. Son tres años de disfrute, frustraciones y drop rates desastrosas que no han hecho más que traerme de vuelta al juego al comienzo de cada temporada.
El juego presenta, en su estado actual, la mejor versión desde su salida. Lord of Hatred no es perfecto, y vaya que puede pulir un par de cosas con el árbol de habilidad y la rejugabilidad de su endgame. Aun así, salgo de esta experiencia como un hombre conmovido, espantado (en el buen sentido) y con ganas de seguir matando a cada demonio que se me cruce. Espero seguir haciéndolo en un futuro, así que espero que Baal y Diablo estén listos para la contienda.


