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Nos Dicen Gamers

Análisis de ‘Despelote’: el volver a ser niño

Despelote es un videojuego único que nos presenta una historia muy personal y que representa a Latinoamérica como ningún otro título.

Analizado en PC

El ruido del tráfico vehicular de fondo; ladridos distantes de algún perro; una chica escuchando música mientras corre; el sonido de una pileta en medio de un parque; las palomas comiendo el alimento que una persona anciana les dio en una banca; una pareja de jóvenes riendo por lo que les pasó en el día; unos niños jugando a la pelota mientras se la pasan; el ruido de una tienda de televisores que ha puesto el partido de fútbol, y la gente que está parada afuera de ese lugar, viendo y comentando.

Con tan solo estas palabras, nos hemos transportado a otro lugar con la imaginación, a situaciones que no son extraordinarias, sino comunes para todos. Esto es Despelote: un juego que ha sido una gran sorpresa para mí. Un título que, si bien respira Latinoamérica y fútbol por sus cuatro costados, puede ser comprendido y sentido como propio por cualquier persona del mundo.

Y es también uno de los juegos más hermosos, bonitos y memorables que he probado en el último año.

Esta es mi reseña del juego que ocupa el cuarto puesto entre los mejores calificados del año en Metacritic.

¿Qué es Despelote?

Vamos a empezar aclarando algo: este es un juego indie 100 % narrativo, lo que algunos calificarían como un “walking simulator”. Así que, si vienes aquí esperando un título con una jugabilidad profunda centrada en el fútbol, te vas a decepcionar… y mucho.

Despelote es un juego que sí tiene fútbol, y es una parte importante de su experiencia, pero no es indispensable ser fan del deporte rey. Es más: a mí no me gusta el fútbol, y aun así pude conectar con lo que el juego quiere contar. Porque Despelote no es solo un juego sobre un niño de ocho años llamado Julián, a quien controlamos, sino una obra casi autobiográfica sobre la infancia, la ciudad de Quito, y los sucesos de 2001, durante la histórica clasificación de la selección ecuatoriana al Mundial de Corea-Japón.

Es un juego que toma el fútbol como un medio a través del cual la ciudad y su gente depositan sus esperanzas en medio de una situación complicada, mientras Ecuador atraviesa la crisis económica provocada por la dolarización de su moneda.

El juego comienza con una partida de fútbol que simula la estética de la época de la Super Nintendo, mientras escuchamos sonidos de fondo: conversaciones entre los padres y la hermana del protagonista. Son cosas banales, nada trascendentales, pero logran evocar una sensación muy específica, muy familiar. Situaciones que probablemente viviste en tu infancia y que, al volver a escucharlas, te generan una nostalgia única.

Y es que este juego está repleto de esos momentos: simples fotografías de la vida cotidiana que componen la infancia de Julián, un niño como cualquiera de nosotros lo fuimos alguna vez. Jugar a la pelota con los amigos del barrio, almorzar la comida de su madre junto a su hermana mientras los padres conversan de fondo sobre cómo va el negocio familiar, el regaño de un vecino porque rompieron una ventana jugando, o la señora de la tiendita de la esquina hablando con sus clientes sobre lo que ocurre en la ciudad.

Despelote está lleno de esos momentos que suman a su narrativa de «volver a ser un niño». Y, por supuesto, la producción respira latinidad por todos sus poros.

Acompañado de una actuación de voz que se nota claramente amateur —y que, lejos de restar, suma a la inmersión—, Despelote logra transmitir una autenticidad poco común. Cada voz se siente real, cercana, porque no son actores profesionales: es la voz que podría tener tu madre, tus amigos de la infancia o cualquier persona en la calle. Esto solo refuerza la experiencia. Cabe decir que las voces originales están en español latino con acento ecuatoriano, lo cual aporta aún más a la inmersión. Cambiar el idioma solo modifica los subtítulos y textos del juego, pero las voces siguen siendo las originales.

Viviremos cinco días. Cinco fechas cruciales, marcadas por los últimos partidos en los que Ecuador se juega la clasificación al Mundial. Y, en paralelo, se desarrollan distintos momentos en la vida de Julián, en su comunidad y en la ciudad. Cada uno de esos días está cargado de situaciones cotidianas, íntimas y entrañables. No quiero revelar demasiado, porque creo que cada uno de esos momentos forma parte del relato que el juego quiere construir. Solo diré que no estamos ante una tragedia ni un drama social; simplemente estamos viviendo la vida de un niño en esa época: sus recuerdos bonitos, las experiencias que lo marcaron ese año. Por eso, Despelote deja una sensación muy particular al terminarlo: una mezcla de nostalgia y alegría. Alegría por haber acompañado a Julián, por haber recordado algo que también sentimos nuestro.

Despelote premia al jugador paciente, al que se toma el tiempo para explorar cada rincón, cada escenario lleno de situaciones cotidianas que enriquecen su narrativa.

Todo esto está acompañado de un estilo gráfico muy único: una mezcla entre filtros de fotografía antigua y personajes en 2D dibujados a mano, como si los hubiese hecho un niño. A esto se suman recursos visuales como grabaciones reales de los partidos de fútbol, narraciones directas de los creadores para contextualizar, música de la época, monólogos del propio Julián y mucho más. Todo está pensado para ayudarte a entrar en ese mundo, en ese recuerdo.

Esto no es solo un escenario tridimensional dentro de un juego; Despelote es una verdadera máquina del tiempo que nos transporta a un momento y lugar muy específicos. Y cuando te das cuenta… el juego termina. Así, de pronto, como si se acabara un verano muy divertido de tu infancia, del que solo te quedan buenos recuerdos.

La experiencia dura poco menos de dos horas, pero permanece mucho más tiempo contigo si logras conectar con la sensibilidad que este pequeño equipo ecuatoriano ha querido transmitir. Esa sensación de nostalgia es única, y pocas veces la he sentido, incluso sin ser fan del fútbol.

¿Vale la pena Despelote?

Una historia como esta se siente fresca, necesaria. Y es que, para bien o para mal, muchos de los productos narrativos que retratan Latinoamérica suelen estar ligados a mostrar su lado más oscuro: tragedias, familias destruidas, atrocidades cometidas por dictaduras o grupos armados. Despelote va en la dirección contraria. Nos muestra una Latinoamérica de esperanza y de nostalgia, donde podemos reconocernos, volver a ese lugar donde lo único que nos preocupaba era salir a jugar con nuestros amigos después del colegio.

Me es difícil ponerle una nota a este juego. Tal vez no seas de las personas que disfrutan de experiencias narrativas como esta, o quizá te decepcione que dure menos de dos horas. Sea como sea, lo recomiendo de corazón. Despelote es un juego único, y siento que necesitamos más propuestas como esta en el panorama del videojuego latinoamericano.

PROS

– Una obra unica narrativa que respira Latinoamérica por todos sus costados
– Inmersión total a la historia de la infancia de Julián
– Puede entenderse por completo, incluso si no eres fan del fútbol

CONTRAS

– Dura muy poco para algunos
– Su estilo narrativo podría no ser de agrado de todos
– Si no te gustan los walking simulators, este juego probablemente no sea para ti

NOTA

8.5

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